¿Qué es ser Liberal Progresista? (2ª parte)

Proseguimos con la respuesta a la pregunta “¿Qué es ser Liberal Progresista?”, un ciclo de entradas cuya primera parte podéis encontrar clickando aquí:

El movimiento Liberal Progresista también defiende la idea de que el Estado no debe moralizar a los ciudadanos, sino que, contrariamente, tiene la obligación de garantizar su autonomía moral, pues la moral pertenece a la esfera privada. Defiende un estado laico en el que, no sólo debe separarse la Iglesia del Estado, sino en el que también las tradiciones o supersticiones religiosas no deben influir a la hora de crear leyes ni en los demás funcionamientos del Estado.

El socioliberalismo tiene en la justicia social el núcleo para fomentar la Libertad y distribuir de manera equitativa la riqueza generada por la economía libre de mercado. En la actualidad, el pensamiento liberal progresista se entiende como una evolución natural a los tiempos actuales, desarrollando sus propias teorías acerca de las soluciones necesarias para resolver los problemas de la sociedad.

En el mundo anglosajón, es conocido como “liberalismo moderno” y, en Estados Unidos, estas posturas las defiende el Partido Demócrata, que basa su programa político en la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los individuos. Sin embargo, en Europa, el liberal progresismo es una de las ideologías que ha configurado la mayor parte de los partidos europeos en todo el espectro político.

Presumiblemente, la mayor parte de los partidos europeos moderados tiene las raíces  en el socioliberalismo, desde la socialdemocracia a la derecha liberal. Sin embargo, en el Parlamento Europeo, los partidos más cercanos a las ideas liberal progresistas están bajo el grupo ALDE (Alianza de Liberales y Demócratas por Europa) que conforma la tercera fuerza en la Eurocámara, tras populares y socialistas.

El grupo ALDE apoyó a Ciudadanos en las Generales españolas por delante de otros partidos que también pertenecen a dicho grupo. El auge del partido naranja en España fue recibido con gran entusiasmo dentro del ALDE ya que, en el sur de Europa, no es tan habitual encontrar esta corriente política como en el norte, donde los liberales progresistas gobiernan en Dinamarca, Finlandia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo, entre otros países.

¿Y por qué en España no hay tradición de centro? Como ya he dicho, uno de los principales motivos es el franquismo y los cuarenta años en los que en España no había tendencias políticas más allá del pro y el antifranquismo. También el enfrentamiento que hay entre lo que denominamos las dos Españas y que ya viene de siglos pasados, desde las Guerras Carlistas, sería otro motivo. Pero eso no es todo, pues también ha influido el poder religioso que ha hecho que, aún a día de hoy, la Iglesia influya en las cuestiones políticas.

La fe y la moral cristianas están tan dentro de los españoles (también de los que no practican la fe), que para muchos es aún tabú tocar según qué temas que se asocian a la moral y a la fe religiosas. Y no me refiero solamente a temas como el aborto, sino también a la eutanasia o a la gestación subrogada. Cuestiones que los conservadores asocian a la izquierda pero que, en realidad, defienden más los liberales que los socialistas o comunistas, los cuales están más próximos a las ideas conservadoras en algunos términos de lo que nos pensamos. Sin ir más lejos, los conservadores y los comunistas votaron en contra de la gestación subrogada en Portugal.

Otro de los puntos en los que conservadores y comunistas o derecha e izquierda se diferencian más de los liberales es en el hecho de que, mientras los liberales son conscientes de que no todos piensan igual y de que no hay que imponer un pensamiento propio, para conservadores y comunistas sí se trata de imponer y hacer prevalecer su voluntad sobre los demás. Esa es la cuestión por la cual, en esta última legislatura, mientras que Ciudadanos ha intentado formar gobierno con los que no piensan como ellos, la izquierda y la derecha han puesto vetos para que eso no ocurriera.

El liberalismo progresista acepta la pluralidad y defiende que todos los pensamientos son válidos, siempre y cuando respeten la legalidad y los derechos humanos; siempre tratando de velar por los que defienden sus posturas que son defender la libertad individual. Por decirlo de un modo simple, en caso de duda, el liberal siempre se pondrá de parte de la libertad individual. Por ejemplo, en el caso de defender un aborto, un liberal siempre defenderá la libertad de la madre en este caso, pero siempre dentro de la legalidad. Contrariamente, siguiendo con este caso, un conservador podría pensar que el liberal comparte pensamiento con un comunista, por ejemplo, pero no es así, pues los comunistas defienden que el aborto es un derecho que tiene la mujer, cosa que no es cierto.

Un liberal defiende en la libertad individual de la mujer a la hora de abortar, sin embargo, dentro de la legalidad y la legalidad española dice que el aborto no es un derecho, sino que es un delito que queda despenalizado en cuestiones que la Ley explica. Dentro de esos parámetros, es donde la libertad individual de la mujer debe prevalecer. Un liberal defenderá en esos parámetros la libertad a abortar, por más que él o ella no lo hiciera jamás, es decir, que el no compartir una idea no quiere decir que no se defienda el derecho de las personas que piensan diferente, como dijo Voltaire.

El ejemplo de siempre estar de parte de la libertad individual se podría equiparar a la de la presunción de inocencia, es decir, que por más que la cultura o la moralidad nos lleven a pensar que algo está “bien o mal”, no podemos imponerlo a los ciudadanos que son libres de creer lo que quieran y de actuar de la forma que crean conveniente, siempre y cuando estén dentro de la legalidad. La libertad tiene límites pero, en el caso de que no se pruebe que hay una razón para limitar la libertad de las personas, se presume que sí hay esa libertad. La libertad individual castiga a los que no la permiten ejercer, por ejemplo, a los que a través de la violencia física coartan la libertad de los demás.

También es importante el principio de propiedad, pues lo que legalmente es nuestro no pertenece a los demás, ni al Estado, ni a nadie más que nosotros mismos, así como también el principio de voluntariedad contractual. Los pactos están para ser cumplidos, los contratos que hacemos son los que limitan la libertad a la hora de actuar, pues un contrato es una obligación, siempre y cuando lo hayamos aceptado libremente. En este caso, habría que separar, por poner un ejemplo, quién no paga la hipoteca, porque de algún modo ha sido estafado o engañado, de los que se niegan a pesar de que, por contrato, están obligados a hacerlo. Por eso, no se puede ser categórico a la hora de defender que, con la entrega del piso, la deuda queda pagada sino que hay que defender esa postura solamente en los casos en los que la persona no pueda pagarla realmente y por causas ajenas a la libertad individual, o porque lo haga debido a que un tercero no cumplió el contrato, por ejemplo, alguien a quien despidieron de su trabajo de modo no procedente.

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