Los independentistas quieren prohibir el castellano, ¿de qué se sorprenden?

Cuando creía que el tema del independentismo catalán ya no iba a poder sorprenderme, vuelve a hacerlo. Pero no por sus nuevas andanzas; no porque Carles Puigdemont, el señor Mas de lo mismo, haya hecho el ridículo mendigando por toda Europa para que alguien le abra la puerta y poder hablar de lo suyo, como si fuera la versión catalana del pequeño Nicolás en busca de la foto con el político de turno; ni siquiera porque hayan presentado un borrador de la futura Constitución de la Catalunya independiente, sino por observar cómo las personas, los catalanes, reaccionan a este tipo de cuestiones.

Para empezar, me sorprende que los diarios catalanes pongan en titulares que en la imaginaria Catalunya independiente el castellano no sería idioma oficial. Primero, porque eso no es noticia, no sorprende a nadie, el nacionalismo es lo que es y después hablaré de lo que es. Y, también, me sorprende el enfoque. ¿No será oficial? Eso no es más que una manera discreta de decir que el castellano estaría prohibido. Me hace gracia a mí que se diga que, en la época de la dictadura, el catalán estaba prohibido por no ser oficial y que ahora, a la misma prohibición, se le llama no ser oficial. Pero, en fin, que los independentistas están haciendo con el castellano lo mismo o peor que la dictadura hizo con el catalán es algo que todo el mundo ve, salvo que quieras cerrar los ojos y taparte los oídos ante lo que está pasando.

Por supuesto, que el castellano estaría prohibido en la imaginaria Catalunya independiente… ¡Por supuesto! ¿Cuál es la sorpresa? El independentismo catalán no es más que el desprecio racial, étnico, cultural y humano a España y a los españoles. ¿Qué creían? ¿Que la vida de los que se sienten españoles iba a ser igual en ese país imaginario? ¿Que un día nos levantaríamos, cambiaríamos la bandera y que lo demás iba a seguir igual? ¿Que no iba a ver una persecución política a los que han defendido la democracia? ¿Que los que hemos defendido que la soberanía está en el pueblo y no en los territorios, que ser español no es ser menos catalán y que ser catalán no es ser menos español y que el último pueblo de Girona es tan España como la Puerta del Sol de Madrid no tendríamos que huir de nuestra propia tierra, del lugar donde nacimos?

¿De verdad somos tan ilusos? ¿De verdad alguien cree que el nacional-catalanismo es distinto a todos los nacionalismos que han hecho tanto daño al mundo? ¿Que es diferente a los que llenaron nuestro planeta de conflictos y de guerras? Pues no, simplemente, no. El independentismo catalán es igual que cualquier otro nacionalismo, es decir, una oda al fanatismo racial que se nutre de la xenofobia a un pueblo al que se considera inferior. Una exaltación que ha aprovechado la crisis y el amor de los catalanes a su tierra, a sus costumbres, a su idioma para que asocien Catalunya con el independentismo cuando una cosa no es sinónimo de lo otro.

Pero no se preocupen, los catalanes somos un pueblo inteligente y los que habían caído en las redes del independentismo se están dando cuenta y van dando la espalda a los que promulgan que una parte de la población es superior a la otra. Créanme, cuando les digo que el independentismo está muriendo y que cada vez que demuestran que este nacionalismo está hecho a imagen y semejanza de otros nacionalismos de otras épocas, en los que la propaganda se hacía con grandes manifestaciones y pequeños bigotes, más se muere. Y, sí, sé que el 48% de los ciudadanos de Catalunya votaron a fuerzas que defienden el independentismo, pero eso no significa que haya ese porcentaje de independentistas; simplemente, que hay personas que no saben o no quieren separar su amor a Catalunya de los partidos a los que tradicionalmente votaron.

Que en las próximas elecciones ese porcentaje bajará, lo saben todos. Por eso, Artur Mas dio un paso al lado, porque le aterraban unas nuevas elecciones. Pero esto no tiene ya marcha atrás, por más que en las escuelas siga el lavado de cerebro para hacer niños independentistas. El “seny” está llegando a Catalunya, ya muchos dicen que ese en el que se prohíbe el castellano, entre otras lindes, no es el independentismo que ellos quieren y eso ocurre porque hay muchas, muchísimas personas que han apoyado el independentismo, que no son independentistas realmente y, poco a poco, veremos un río de personas abandonando a los políticos que han enfrentado a los catalanes, única y exclusivamente, para tapar las corruptelas de Pujol y compañía.

 

Fuente de la fotografía de portada: abc.es
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