Alberto Garzón, el vendedor de enciclopedias

Alberto Garzón presume siempre de que estuvo en las plazas el 15 M. Sin embargo, da la impresión, al verle y oírle hablar, de que, como mucho, se asomaría alguna vez desde las calles contiguas, seguramente, maquinando cómo podía sacar algo de todo eso. Miembro del Partido Comunista desde que cumplió 18 años, habla como aquellos “camaradas” suyos de otras épocas y, encerrado en su mundo de cristal rojo, se atreve a decir que “si eres mala persona, no puedes ser de izquierdas”, que es lo mismo que decir que todos los que son malas personas son de centro o de derechas y, por tanto, lo mismo que separar a los españoles entre buenos y malos, lo cual es algo deleznable. De hecho, para mí ya es bastante grave el hecho de querer separar a los españoles.

Garzón es un guerracivilista, un revanchista, uno de esos miembros de, como decían en la novela de Douglas Coupland “Generación X”, nostalgia legislada, un concepto que define a las personas que recuerdan con nostalgia una época en la que en realidad no han vivido. Yo, que nací en 1979, no puedo entender que alguien más joven que yo pueda hablar del comunismo, de la República, de la Guerra Civil, como si fuese algo que le tocara de cerca, del mismo modo que tampoco puedo entender que gente más joven que yo añore, admire o se sienta franquista. Los que hemos nacido en democracia no deberíamos cargar con las mochilas del pasado, nos deberían importar más los sueños de futuro que los recuerdos del pasado.

Sin embargo, Alberto Garzón habla de este mundo cruel, de una España empobrecida en la que los niños descalzos buscan comida en la basura, en la que los jóvenes no pueden pagarse los estudios y en la que las prisiones están llenas de jóvenes que, protestando por su situación, fueron encarcelados por el simple hecho de protestar. Contra esa España lucharíamos todos, pero esa España no existe más que en la cabeza de algunos políticos come ollas que quieren dar una imagen del país que no existe para que los españoles se sientan desesperados, como si no tuviéramos los ciudadanos de este país ya bastante con la crisis real, con la falta de empleo real o con los bajos sueldos, que eso sí es real.

Ya he dicho alguna vez y no lo utilizo para justificar nada, que provengo de una familia en la que fusilaron a mi bisabuelo materno y a mi bisabuela paterna por ser comunistas. Pero el mundo no se divide entre los comunistas y los otros, aquellos que vieron con buenos ojos los fusilamientos de mis familiares y, obviamente, mis miras no son tan simplistas como para creer que los otros, que van desde los socialdemócratas hasta los conservadores, son como cree Alberto Garzón, malas personas.

Los que hemos nacido en democracia deberíamos, a mi forma de ver, vivir con más naturalidad el hecho de que no todos pensamos igual, que los que tienen otra opinión no son nuestros enemigos y, sobre todo, que en democracia los partidos tienen que llegar a acuerdos ya que representan a una parte de la sociedad. Pero ahí es donde esta el quid de la cuestión, los partidos políticos deben representar el pensamiento de la población, por eso yo siempre defiendo y defenderé que, por más que la coalición PP-Podemos haya tratado de ir a unas nuevas elecciones para crear un nuevo bipartidismo, la democracia más real llegará cuando en España no haya 4 partidos grandes, sino 6,7 o 9, como ocurre en sitios como Dinamarca. Porque lo que los españoles necesitan es votar al partido que consideren más cercano a sus pensamientos y no votar por eliminación y eso, mientras más partidos con representación haya, mejor será.

Sin embargo, para estas elecciones UPyD prácticamente no existe e Izquierda Unida firmó su acta de defunción al ir de la mano de Podemos. Con esta unión, Alberto Garzón ha demostrado que muchos nos equivocamos con él y que no es un buen político, sino que, en realidad, es un vendedor de enciclopedias que va por las casas tratando de convencer utilizando triquiñuelas; que nos quiere convencer de que Izquierda Unida y Podemos han de unirse para salvar a España de no se qué, asegurando que España será más fuerte con ellos, a la vez que abre la puerta a una balcanización, convenciendo a los nacionalistas catalanes y vascos de que podrán tener una independencia que no llegará jamás, por ilegal primero y porque los ciudadanos de esas autonomías no la quieren en realidad.

Y lo peor no es que Garzón e Iglesias nos quieran vender un producto falso, una enciclopedia que, más allá de las tapas, sus páginas están en blanco, sino que todo lo hacen acusando a los demás, tanto a PSOE como a Ciudadanos o al PP, de que ellos no son el pueblo, de que los más de 16 millones de personas que hemos votado a las fuerzas constitucionalistas no queremos el bienestar de nuestros conciudadanos. Sin embargo, él sí lo quiere, Alberto Garzón es un hombre que sí piensa en el pueblo, no piensa en los cargos, en las paguitas, en los sillones… menuda hipocresía la de un hombre que ha pedido diputados y una vicepresidencia para él, para unirse al partido del comprador de almas Pablo Iglesias que sonríe sabiendo que ya se ha cargado a IU y se prepara para dar el salto y superar al PSOE, para iniciar una nueva era que, no sólo quieren los Podemitas, sino también la cúpula del PP: la era del bipartidismo de los extremos entre el PP y Podemos.

Fuente de la fotografía de portada: ara.cat
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