El futuro pasa por el centro y no por los extremos

Si hay algo de lo que no creía que volvería a escribir es de la existencia o no del centro político. Hay muchos que siguen pensando que no se puede tener centro y, en parte, lo entiendo, aunque, de hecho, no creo que se pueda ser de derecha o de izquierda en todo. No entiendo que una persona liberal en lo económico tenga por fuerza que estar en contra del aborto o que, contrariamente, alguien que defienda la lucha obrera tenga que estar a favor, por poner un ejemplo simplista.

La cuestión es que, en mi opinión, por más alejadas que estén las posturas de las personas, difícilmente no vamos a estar de acuerdo en el 75% de las cosas; otra cosa es que compartamos el modo de conseguirlas y que las tengamos en el mismo orden de prioridades.

Insisto en que, a mi parecer, hay pocas personas puramente de izquierdas o de derechas. Simplemente, es que en sus prioridades existen cuestiones que se consideran más de derecha o más de izquierda. El centro es el equilibrio, como ya escribí una vez, hay quien dice que las últimas palabras de Alfonso XII fueron para su esposa la Reina María Cristina de Habsburgo-Lorena y en ellas le recomendó que no se metiera en política y que tratara de que la política fuese de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas, es decir, de un lado a otro, de la izquierda a la derecha, ya que el monarca creía que los conservadores eran mejores a la hora de hacer dinero y los liberales a la hora de distribuirlo.

Pero, para muchos, aunque opino que debería ser para todos, la economía no es todo lo que deberíamos valorar a la hora de ir a las urnas a pesar de que, si hablamos de economía, yo estoy seguro de que se puede crear riqueza y repartirla bien sin tener que cambiar de partido, de que se puede defender a los trabajadores sin tener que atacar a los empresarios y, sobre todo, de que a esos pequeños y medianos empresarios que tienen que madrugar cada día para ganarse el pan, hay que tratarlos como trabajadores y no como grandes empresarios.

Si hablamos de educación, ¿por qué no puede ser laica y que, además, respete las creencias y las religiones? ¿Por qué la historia de las religiones no puede ser una asignatura? ¿Verdaderamente no hay un término medio entre ser creyente y practicante o ir desnudos a asaltar capillas como alguna que otra concejal?

El centro existe, pero sí, tienen razón los que dicen que, tarde o temprano, los que están en el centro deben decantarse a un lado u otro, pero eso debe hacerse, no como un cheque al portador, sino con acuerdos, llegando a puntos de acuerdo. Se quiera o no, difícilmente se podrá gobernar sin contar con el centro. Sin embargo, el Partido Popular, que presumiblemente será la fuerza más votada, no está tratando estar cerca de Ciudadanos, todo lo contrario, está yendo contra él a degüello, tratando de que las personas que confiaron en Ciudadanos en diciembre cambien su voto. Y, bien, esta es una táctica que puede salir bien o no, pero los Populares están arriesgando mucho ya que, extremando sus posiciones, solamente pueden conseguir dos cosas: o bien conseguir el objetivo y obtener mayoría, cosa improbable, o acabar aupando el pacto PSOE-Podemos-Izquierda Unida.

Sea como sea, el Partido Popular se equivoca si cree que tiene que persistir la guerra izquierda-derecha; se equivoca también si cree que Ciudadanos está en ese eje de derecha; y se equivoca si sigue creyendo que los que no piensan igual son enemigos y no compatriotas.

Hace un tiempo, la obsesión de muchos españoles era acabar con el bipartidismo PP-PSOE. Ahora quizá deberemos conformarnos con que estos partidos se regeneren y se cambien las leyes para luchar contra la corrupción, hacer que estos partidos hagan real la separación de poderes. Porque ahora hay algo peor, un partido como Podemos, que quiere acabar con el Estado de Bienestar; un partido que está financiado por potencias extranjeras que quieren enfrentar a los españoles, que quieren que la soberanía esté en los territorios y no en los ciudadanos, que promueven la desigualdad entre las personas y que, para más inri, de la mano de Izquierda Unida, ya ni siquiera son nueva política, sino que son políticas del siglo XIX, del viejo comunismo que, junto al fascismo y el islamismo radical, son los grandes males de los últimos cien años.

Fuente de la fotografía de portada: www-libertaddigital.com
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