El Ministerio del Tiempo

Muchas veces he hablado del guerracivilismo actual, de cómo Podemos reivindica la desastrosa España de la II República mientras desprestigia la elogiada en todo el mundo Transición española.

Cierto es que la mayoría de nosotros podemos recordar con añoranza esos tiempos en los que personas que habían estado cuarenta años a tiros se sentaban alrededor de una mesa para dialogar y forjar cómo debería ser la España de la democracia. Lo que no se entiende es que haya personas que añoren esa República en la que no han vivido y que su añoranza no sea más que por lo que han visto en películas o han leído en libros.

Yo entiendo que haya personas que quieran una república, de hecho, en un mundo mínimamente racional y donde los ciudadanos fuesen respetuosos con sus derechos y sus deberes, obviamente no haría falta un Rey. Pero una cosa es ser republicano y, otra, segundo republicano, que es lo que son muchos en España.

Yo soy constitucionalista y, como tal, respeto la figura del monarca sin ser monárquico. Ya he escrito otras veces que, para mí, la diferencia entre un monárquico y un constitucionalista es que el constitucionalista cree que el Rey es Rey porque el pueblo lo ha querido así y el monárquico que el Rey es Rey por la gracia de Dios.

Estos días he vuelto a leer a miembros de Podemos pervirtiendo la historia diciendo que el Rey es el Jefe del Estado porque el Dictador Franco lo puso a dedo pero, por más que insistan, eso no será cierto pues al Rey lo refrendaron los españoles en un referéndum en el que el voto positivo llegó hasta al 88,54% de los votantes. Curiosamente, eso no es suficiente para un partido político que pide una vicepresidencia del gobierno cuando solamente le han votado el 12,72%.

La obsesión con el tiempo previo a la Guerra por parte de los Podemitas es tal que hemos sabido las frases que se corearon el día que, entre otros, Rita Maestre asaltó la capilla de la Complutense: “Vamos a quemar la Conferencia Episcopal” y “Arderéis como en el 36”. ¿Qué clase de cabecita hay que tener para rememorar los peores tiempos de la historia de España y que esa sea el centro de tu política?

Como escribió Douglas Coupland en su novela Generacion X, “Nostalgia legislada es la añoranza de recuerdos que en realidad no se poseen” y, sobre eso, parece girar todo lo relacionado con Podemos.

En pleno siglo XXI, hay que seguir luchando porque no haya discriminaciones por raza, sexo u orientación sexual, pero no debemos permitir que se persiga, que se discrimine y rechace a los que, haciendo gala de su derechos, tengan fe religiosa o política del tipo que sea.

La libertad es la libertad y un gobierno futurible de Podemos no es quién para decir qué opiones, qué pensamientos ni qué acciones están bien o mal. Para eso, ya está la Ley y no se puede ser tan demagogo de aplaudir los escraches que se le hicieron a Cristina Cifuentes o a Begoña Villacís y, sin embargo, llamar fascistas cuando se lo hacen a ellos, como ocurrió en la manifestación de los sindicatos de la Policía en Madrid.

Ya sabemos en qué espejos se mira Podemos y cuál es su verdadero fin en la política española. Por eso, en el caso de repetirse elecciones en España, me aterraría pensar que los votos del partido morado fuesen los mismos o más que el 20 de diciembre, porque eso sólo querría decir varías cosas: uno, o que nuestros compatriotas son muy orgullosos y no cambian el voto debido a ese motivo; dos, que verdaderamente hay más personas que comparten esa siniestra ideología política o, tres, que el nivel de conocimientos en cuanto a política se refiere es más bajo de lo que yo creía.

Podemos ya ha demostrado lo que son, enchufes, apoyo a los presos de ETA, a los que quieren romper el país, asaltar iglesias, pedir sillones, cargos y paguitas y poder, mucho poder. Podemos no les ha pedido al PSOE controlar la cultura, la sanidad ni el resto de cuestiones sociales, sino controlar los jueces, la Policía, el CNI y la televisión española.

No han pedido (que sepamos) el Ministerio del Tiempo, ese ministerio ficticio de la serie de TVE en la que el Gobierno esconde el secreto de viajar por el tiempo. Ese sería el que desearía Iglesias y los suyos para volver al pasado e intentar aupar una dictadura comunista en España.

 

Fuente de la fotografía de portada: elespanol.com
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