A la izquierda del Edén

Días atrás, leí un artículo en el ABC, escrito por el músico e intérprete Andrés Calamaro y titulado “La izquierda de los papanatas”, en el cual el autor era muy crítico con el nuevo mensaje de la izquierda de partidos como Podemos y lo que estos representan. Decía cosas muy parecidas a las que han dicho también otros artistas asociados a la izquierda, como Joaquín Sabina, Víctor Manuel o Ana Belén. Todos ellos, críticos con la formación de Pablo Iglesias y todos ellos también ensalzando lo que supuso la Transición española.

La superioridad moral de la izquierda o de esta nueva izquierda es otro de los temas que han tratado los artistas que antes traté y ese es un tema muy interesante ya que en eso se basa absolutamente toda la estrategia podemita. De hecho, en el famoso dossier que han hecho entrega a Pedro Sánchez, hay frases como esta: “La democratización del Estado, que se traduzca en la participación de Podemos en todos y cada uno de los órganos de la Administración General del Estado”.

Es decir, para Podemos solamente hay democracia si ellos forman parte de las administraciones y, sino, no la hay. Ellos se tratan de apoderar de la moral, de la democracia, de la gente. Todo eso pertenece a Podemos, a la izquierda, como ya dijo Monedero: “No se puede ser buena gente sin ser de izquierdas”.

Sé que esto es absurdo, que a muchos de los que están leyendo esto les parece absurdo, pero hay millones de personas en este país que lo creen y eso es precisamente lo preocupante, ya que estoy completamente seguro de que los problemas sociales, los desahucios, los problemas de igualdad de género etc. etc., le preocupa a todo el mundo, sea de la ideología que sea, aunque no todos crean que el camino para conseguir arreglar esos problemas sea el mismo.

A mí, particularmente, me asombra que, a estas alturas, aún haya gente que hable con menosprecio de la izquierda o la derecha, porque estoy completamente seguro de que no hay mejores ni peores personas en un bando u otro, no creo que la corrupción sea cosa solamente de una ideología o de un partido u otro. La corrupción normalmente está asociada a los partidos que más han gobernado, cosa que es lógica por otra parte.

Yo nací en una familia moderadamente de izquierdas, en una ciudad muy muy de izquierdas, donde en cierto momento hubo un ayuntamiento del Partido Comunista (con el 63,61% de los votos) donde, de los 23 concejales de la ciudad, salvo uno de Convergència y otro de Alianza Popular, todos los demás pertenecían a partidos de izquierda. Cuando oía conversaciones sobre política, veía a los de izquierda con superioridad moral democrática, debido a que la cercanía aún de los tiempos de la dictadura hacía que los de derechas fuesen vistos como nostálgicos del antiguo régimen, mientras que la izquierda no tenía nada que reprocharse (al menos en los últimos 40 años).

Pero pronto eso cambió, los jóvenes y no tan jóvenes, que esperanzados habían aupado a Felipe González a la presidencia , comenzaban a conocer que el PSOE había sido financiado ilegalmente, que habían metido la mano en la saca y, para acabarlo de redondear, incluso habían organizado una banda terrorista para matar sin juicio y de forma totalmente anticonstitucional a ciudadanos españoles que, por más delitos que hubiesen hecho, tenían sus derechos.

Eso equilibró quizá las fuerzas en esa superioridad moral que hasta entonces tenía la izquierda. En gran parte, eso fue causante de que, desde entonces, haya muchas personas que no se declaren ni de un lado ni de otro y que hayan ido cambiando el voto a quien les ha parecido mejor o peor candidato.

Eso no quita que, obviamente, siempre haya habido derecha e izquierda, pero también había centro, aunque no hubiese un gran partido de centro, y lo que desde luego cada día había menos eran extremistas de un lado y otro. Ese último me parecía a mí uno de los grandes avances de la Transición. Por eso, me entristece ver cómo la ultra izquierda ahora ha rejuvenecido laureles y con la bandera de la superioridad moral en mano.

A mi modo de ver, no habría que sumarle a Sánchez los muertos del GAL ni el asesinato de Calvo Sotelo, del mismo modo que tampoco se le puede achacar a Rajoy los crímenes del Franquismo ni a Pablo Iglesias los de Irán o Hugo Chávez. Con una diferencia entre ellos, que mientras el Partido Popular y el Socialista han tratado de separarse de su pasado más negro, Podemos se muestra orgulloso del comunismo más tenebroso, sobre todo Iglesias que quiere honrar a su padre quien, como todos saben, fue miembro de la banda de extrema izquierda FRAP e, incluso, estuvo encarcelado por ello.

 

Fuente de la fotografía de portada: vozpopuli.com

 

 

 

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