El tren de la bruja

Ahí estaban todos para la foto, dispuestos a inaugurar la famosa línea 9 del metro de Barcelona. La línea con recorrido subterráneo más larga de Europa (muy propio de un país oprimido), una obra que debía costar en principio 2.500 millones de euros y que, al final, ha subido un poquito, nada, poca cosa, solamente hasta los 16.000  millones.

O, dicho de otra manera, cada uno de los catalanes acabaremos pagando más de dos mil euros por esta línea cuando, en principio, solamente íbamos a poner algo más de 300. La línea 9 ha supuesto el 17% de los gastos de la Generalitat entre 2003 y 2014 y ha tenido un coste que dobla a lo que supuso el AVE que une Barcelona con Madrid.

Sin embargo, el señor Mas de lo mismo, Puigdemont, culpó a Madrid ya que el Gobierno central bajó en un 40% sus aportaciones a la financiación del transporte público. Es decir, según la marioneta de Artur Mas, que el Estado bajase la aportación en 55 millones ha sido consecuencia directa de que la obra haya costado 13.5000 millones más de la cuenta.

Puigdemont aprovechó la inauguración para hacer un mitin contra España, tanto que el líder del Partido Popular, el señor Garcia-Albiol, abandonó el acto. Muchos de los votantes del PP me consta que aplaudieron la actitud de Albiol pero quizá el candidato popular debería recordar que no estaba representándose a sí mismo, sino a los votantes del partido.

La obra faraónica, inflada y prioritaria por encima de colegios y hospitales, es otra muestra más de lo que ha hecho en estas tierras el nacional-pujolismo de Convergència. Mientras eso ocurre, estos días empresas como Bacardí y SEAT, entre otras, dejan Catalunya. El Procés sigue su curso y comienza a dar la impresión de que el gobierno independentista se porta como esos ejércitos que, sabiendo que van a perder la guerra, incendian la ciudad para que no sirva de nada a quien se la quede.

Catalunya se está convirtiendo en un solar. Cada vez está más lejos el sueño del Molt Honorable Josep Tarradellas que pedía a los ciudadanos de Catalunya que se pusieran a trabajar para ser ejemplo y estímulo para los otros pueblos de España. Y miedo me da de pensar en lo que se va a encontrar  el gobierno que entre cuando, por fin, saquemos del poder a esa banda organizada del 3% de Convergència y sus cómplices ERC y la CUP.

Obviamente, la verdadera Catalunya no es la de esta nueva línea limpia y resplandeciente (por ahora). Eso es maquillaje. La verdadera foto de esta tierra es la de los pacientes amontonados en camillas en los pasillos de los hospitales y los colegios en barracones.

La situación en estas tierras es preocupante y puede convertirse en dramática en breve ya que, a los problemas económicos derivados de la crisis económica en Catalunya, hemos de sumar el saqueo que están haciendo los independentistas y la gran cantidad de empresas que están abandonando Catalunya.

El problema es que en los medios de comunicación financiados por la oligarquía, no se habla de estos temas, de modo que difícilmente la gente va a cambiar de opinión. Si a eso sumamos el ya sabido lavado de cerebro de la enseñanza en Catalunya, todo es más difícil, pero seguiremos luchando por salvar Catalunya y por intentar acabar con el parricidio y el Complejo de Edipo en el que los independentistas están matando a Catalunya.

 

Fuente de la fotografía de portada: eldiario.es
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