Ciudadanos (la historia) – Capítulo II

Continuamos resiguiendo la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo I clickando aquí):

El referéndum que ratificó la Constitución española de 1978 tuvo lugar el miércoles 6 de diciembre y la pregunta planteada fue “¿Aprueba el Proyecto de Constitución?”.

Fue aprobado por el 87,78% de votantes y con una participación del 67,11 de la población.

En Catalunya, se siguió luchando por el Estatut de Autonomia y el 25 de octubre de 1979 fue sometido a referéndum de los catalanes, siendo apoyado por el 88,1% de los votantes y con el 7,8% de votos negativos, aunque la participación fue baja 59,6%, debido al desgaste de imagen de la Generalitat provisional. Esa aprobación llevó a que el 20 de marzo de 1980 se celebraran las primeras elecciones autonómicas en Catalunya. La formación más votada fue Convergència i Unió (43 escaños), superando al PSC-PSOE (33), PSUC (25), UCD (18), ERC (14) y al Partido Andalucista (2). De modo que Jordi Pujol, líder de CiU, fue investido presidente con el apoyo de la Unión de Centro Democrático.

Se iniciaba ahí un largo dominio de Pujol al frente de Catalunya. El President formó parte importante de la sociedad política española y repitió victoria en 1984, esta vez por mayoría absoluta de parlamentarios, aunque no de votos, cuestión que se debe a que no en todas las provincias de Catalunya los votos valen lo mismo, discriminando a los ciudadanos de Barcelona (que sus votos valen menos). Esa cuestión no se ha resuelto en la ley electoral catalana porque, aunque parezca mentira, no la hay. ¿Por qué no se ha resuelto esa cuestión? Básicamente, porque en Barcelona es donde menos se vota a CiU.

El gobierno de Pujol cada vez se iba radicalizando más, cada vez más catalanista y más discriminatorio contra los castellanoparlantes, dictando leyes como la que sancionaba a los negocios que rotularan solamente en castellano.

¿Cuánta gente había en contra de esa política de Pujol? Ese es el problema de la política catalana, no podía medirse porque los contrarios no tenían claro a qué partido debían votar. ¿Por qué ocurría eso? Quizá para el que no conozca la idiosincrasia de Catalunya sea difícil de entender. La cuestión es que en Catalunya la gran mayoría de la gente que proviene de otros puntos de España es de izquierdas. Sin embargo, los partidos socialistas y comunistas de Catalunya siempre hicieron gala de su catalanismo, haciendo dudar a sus votantes si ese catalanismo a veces era próximo al independentismo, lo cual creaba una paradoja. Pujol y CiU se atrevían a decir que no eran independentistas, cosa que el partido socialista y el comunista no.

La cuestión es que Pujol ganaba elecciones tras elecciones (1988, 1992), teniendo más o menos siempre los mismos votos, a la vez que en Catalunya cada vez votaban menos personas. A veces se achacaba la abstención al hastío por los políticos, pero ya comenzaban a surgir las voces que atribuían la ausencia en las urnas a la orfandad de los votantes de izquierdas no nacionalistas, que veían a CiU como demasiado de derechas, a socialistas y comunistas como demasiado nacionalistas catalanes y al PP como demasiado nacionalista español (aunque realmente lo deberíamos definir como nacionalista castellano). No hay que olvidar que la mayoría de ciudadanos catalanes venidos del resto de España provenían de Andalucía, lugar históricamente de izquierdas.

En 1993, la política nacional mostraba una nueva escena. El Partido Socialista de Felipe González perdía la mayoría absoluta y, para gobernar, se asoció con nacionalistas vascos y catalanes, es decir, con PNV y CiU. Eso con el tiempo provocaría un trasvase de favores, entre nacionalistas y PSOE, decisivos para la situación actual.

En 1995 se adelantaron las elecciones autonómicas catalanas ya que el descontento con el Pujolismo era notorio. La participación subió casi en nueve puntos y CiU comenzó a dar síntomas de debilidad. Perdió 10 parlamentarios, sin embargo, el PSC también perdió 6. Sorprendentemente, el Partido Popular, que hasta entonces no había pintado nada en Catalunya, subió 10 puntos y pasó de ser de la quinta fuerza más votada a la tercera, con lo cual se intuía que muchos ciudadanos que habían sido votantes de los Socialistas castigaban la unión en el Congreso de los Diputados entre socialistas y nacionalistas, cometiendo la infidelidad de votar a los archienemigos del PSOE, es decir, al PP.

En ese momento, la subida de los populares de Alejo Vidal-Quadras también se atribuyó al voto joven que, a diferencia de sus padres, no veía a los azules como herencia del franquismo ya que no habían vivido esa dictadura y lo único que conocían era cómo en España un gobierno de izquierdas no había gobernado para los obreros de modo alguno.

Un año después, el presidente del Gobierno Felipe González se vio obligado a convocar elecciones, cuando aún no habían pasado tres años de las anteriores, después de que su socio de gobierno Convergència i Unió rompiera el pacto de legislatura y fuese imposible aprobar los presupuestos de ese año.

La de 1996 fue la elección más reñida del período democrático de España. El Partido Popular se convirtió en el vencedor con el menor número de escaños hasta la fecha, 156, y con una diferencia de sólo un 1,16% de votos y 15 escaños sobre el PSOE, que se despedía del poder después de 14 años seguidos de gobierno.

El triunfo por la mínima de los Populares requirió dos meses de negociaciones hasta que, en mayo, Aznar logra ser investido presidente con el apoyo de los nacionalistas de CIU (16), PNV (5) y Coalición Canaria (4), es decir, que a CiU no le importó cambiarse de camisa con tal de seguir teniendo los beneficios del poder.

¿Qué consecuencias trajo eso en Catalunya? Pues la contraria que en años anteriores. El nuevo gobierno español era de centro derecha totalmente, de modo que después de varios años, las elecciones volvían a ser como al principio de la democracia, es decir, derecha contra izquierda. Los catalanes de izquierda no nacionalistas huérfanos volvían a sentir que tenían padre y éste no era otro que el socialismo que rivalizaba contra la derecha, en las Generales contra el PP y en Catalunya contra CiU.

Eso hizo que en las autonómicas de 1999 se apretara la lucha, ocurriendo esa rareza que en Catalunya no lo es tanto consistente en que el PSC ganase en votos, pero no en parlamentarios, y todo por esa no existente ley electoral y por esa injusticia del poco valor de los votos de los barceloneses.

Pujol conseguía 56 parlamentarios, el PSC de Maragall 52 y el PP y ERC bajaban a 12, demostrando que los votos que PSC perdía y ganaba iban a PP por el lado constitucionalista y a Esquerra en el nacionalista.

Aquellos eran otros tiempos y a Convergència i Unió no se le pasó por la cabeza pactar para gobernar con ERC, pero sí con el Partido Popular, devolviendo el favor de las generales y haciendo más grande en Catalunya la batalla derecha-izquierda.

 

Fuente de la fotografia de portada: naciodigital.cat
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