Los titiriteros y el prójimo

La libertad de expresión es un bien preciado, es un tesoro en nuestro Estado de Derecho y, precisamente por su valor, debemos cuidarlo.

Muchas veces, tratamos de aprovecharnos de una ley invadiendo el espíritu de la misma. En el artículo 20.1A de nuestra Constitución, encontramos: Se reconocen y protegen los derechos: A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

Sin embargo, en el 20.4 dice: Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

Sea como sea, en el espíritu de la ley no está el vejar, el insultar ni el menospreciar a otras personas, del mismo modo que no se puede utilizar para adoctrinar a los niños. La libertad de un ciudadano acaba donde empieza la del otro.

Respecto al ya famoso caso de los titiriteros de Madrid, en el que en un espectáculo que el ayuntamiento de Carmena calificó para todos los públicos se violaba a monjas, se colgaba a jueces y banqueros y se gritaba vítores a bandas terroristas, han sido muchos los que han defendido a dichos titiriteros detenidos por la policía por dicha libertad de expresión.

Pero decir Gora ETA no es libertad de expresión, es ensalzamiento del terrorismo y ya me gustaría ver a mí a los mismos que no dudan en apropiarse de la bandera de la libertad qué hubieran dicho si, entre los actos festivos, hubiese habido, por poner un ejemplo, una corrida de toros gratis para los niños que asistieran.

Aún así, reconozco que, a mi forma de ver, no puede entenderse que en una misma semana se encarcele a los titiriteros sin fianza y, sin embargo, esté en la calle el profesor que abusó durante años de menores en un colegio católico de Barcelona.

Da la sensación que, en cada cuestión que ocurre en el país, haya un trasfondo de la guerra entre rojos y azules que cada vez más personas parecen apoyar. Observo a personas defender lo indefendible porque creen que deben proteger su bando y eso no es nada bueno para nuestro país.

Además, en un momento como éste, en el que los medios de comunicación tienen tanto poder y los periodistas, tertulianos, presentadores, etc. se han convertido en iconos, tenemos que ver esperpentos como que el cómico Dani Rovira en la gala de los Goya utilizara el humor para insultar a miembros del Gobierno y, sin embargo, después desde las redes sociales dijera que no le había valido la pena presentar el acontecimiento por las críticas, desprecios, insultos, acusaciones y decepciones que había recibido.

Es decir, al actor no le ha gustado que le hagan lo mismo que hace él. “¡Es que yo soy un artista!” dirá el bueno de Rovira pero, yo no sé a ustedes, pero a mí me resulta igual de prepotente un “Usted no sabe quién soy yo” que proceda de un actor o de un político.

Otro caso lamentable me ha parecido el acontecido por Jordi Évole, gran comunicador que conduce un gran programa pero que, a mi parecer, está comenzando a convertirse en un personaje tétrico y miren que yo no soy de esos que desprecian LA SEXTA, todo lo contrario, creo que hace programas muy interesantes más allá de su partidismo declarado por Podemos.

Évole, que es independentista pero tiene miedo a decirlo públicamente, no sabemos si por temor a no tener trabajo en España o porque, siendo charnego (agradecido) no quiere molestar a su entorno, defiende a los titiriteros de ETA pero, sin embargo, cuando un canal de televisión coloca el logo con la bandera de España en el día de la Hispanidad, escribe en su Twitter “¿Quién fue el lumbreras que decidió poner una bandera en el canal público infantil? Dejen a los niños en paz” como si la bandera nacional perteneciese a un partido o a un pensamiento concreto y no es así, la bandera les pertenece a todos, también a Jordi Évole y a todos los que, como él, la desprecian.

Dimisión de Rita Barberá sí, de Manuela Carmena también. No se trata de comparar si aquello es más o menos grave que lo otro. La cuestión es que no están haciendo las cosas bien, que no están cumpliendo ni con la Ley ni con sus ciudadanos, así que no tratemos de defender lo cercano y atacar lo lejano. La Ley debe ser igual para todos.

 

Fuente de la fotografía de portada: granadaahorapodemos.com
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