1975-2015 Historia de la democracia en España (VII)

Con los resultados electorales que dieron a UCD como fuerza más votada, el Rey Don Juan Carlos se presentó hasta las Cortes Generales a inaugurar la primera legislatura y pronunció estas palabras: “La democracia ha comenzado”. Una frase que, metafóricamente y de algún modo, ponía fin a la historia que había comenzado con el discurso radiofónico de Franco en el cual dijo aquello de “Cautivado y desarmado el ejército rojo”…

La medida que consideraron más urgente fue la de promulgar una Ley de Amnistía Total que pusiera en libertad a los presos políticos, la cual no contó con el respaldo de Alianza Popular. Con esta ley, se dio por terminada la reivindicación de la oposición. El 21 de diciembre de 1977, el gobierno de UCD suprimió la “fiesta del 18 de julio”, momento que muchos señalan como el verdadero fin de la Transición.

El gobierno de Suárez dio prioridad  al proceso de transición política por encima de la economía. Fuentes Quintana propuso la firma de un gran pacto social con mejoras sociales y algunas reformas judiciales, como la despenalización del adulterio y de los  anticonceptivos. En lo económico, se tomaron duras medidas de ajuste que se tenían que llevar a cabo para estabilizar la economía y reducir la inflación. La propuesta de pacto también tenía un componente político pues pretendía asegurar un clima de paz social suficiente para discutir la nueva Constitución.

La propuesta fue bien acogida por los partidos de la oposición , especialmente por el Partido Comunista que abogaba por la formación de un gobierno de concentración nacional. Todos los partidos, junto con UCD, acabaron negociando y firmando el 27 de octubre de 1977 los Pactos de la Moncloa. El resultado de dichos pactos fue que se lograra estabilizar la economía y controlar la inflación pasando del 26,4% de 1977 al 16,5 del año siguiente. Sin embargo, el número de huelgas continuó aumentando hasta alcanzar su punto culminante en 1979.

El segundo gran problema en España era el terrorismo. Muchas personas imaginaban que, con la muerte del Dictador Francisco Franco, cesarían los actos violentos de las diversas bandas terroristas, pero no fue así, todo lo contrario. A pesar de que la Ley de Amnístía puso en libertad a todos los presos de ETA, el mismo día en el que las Cortes aprobaron la ley, ETA asesinó a tres personas. Al año siguiente, asesinaron a 85 personas con lo que no se cumplieron las expectativas de la amnistía. Además, los etarras muertos por los servicios de seguridad del Estado eran tratados como héroes y mártires.

El recurso a la violencia para alcanzar sus objetivos también fue utilizado por otros grupos nacionalistas, como el Movimiento por la Autodeterminación del Archipiélago Canario, Terra Lliure en Catalunya o el Exército Guerrilhero do Povo Galego Celve. Además, había otros grupos que mantenían la “lucha armada” como el GRAPO y grupos de extrema derecha como los Guerrilleros de Cristo Rey, Alianza Apostólica Anticomunista o Batallón Vasco Español.

Ni el terrorismo nacionalista ni el de extrema derecha lograron evitar que el gobierno de Suárez siguiera con lo que se denominaba “la cuestión regional”. Las demandas de autogobierno, sobretodo por parte de Catalunya y Euskadi, no admitían más retrasos. Suárez decidió no hablar con los parlamentarios nacidos en Catalunya y Euskadi para ello, sino que creyó que la negociación debía hacerla primero de todo con el President de la Generalitat en el exilio. El 27 de junio se reunió con Josep Tarradellas, quien pudo volver a España después de que el Gobierno aprobara un Decreto Ley el 29 de septiembre de ese 1977 en el que se restableció provisionalmente la Generalitat, aunque sin atribuciones específicas más allá de las diputaciones. Algunos parlamentarios catalanes criticaron que eso no era dar autonomía a Catalunya, pero Suárez no tenía intención de que eso ocurriera antes de votar la Constitución.

La decisión de Suárez de visitar a Terradellas llegó gracias a su gran capacidad para entender la realidad. La UCD había ganado las elecciones en España con el 34,4% de los votos pero en Catalunya su cuota fue sólo del 15% y era la cuarta fuerza, mientras que las que abogaban  por el retorno de Tarradellas sumaban más del 75%. De modo que, más allá de la ideología y de los sentimientos nacionalistas, la mayoría de los catalanes estaba a favor de restablecer el autogobierno de la época republicana.

En Euskadi se siguió el mismo plan, pero el Lendakari en el exilio, Jesús Maria Leizaola, se negó a hablar con Suárez, por lo que el Gobierno tuvo que negociar con los 21 diputados vascos que había en el Congreso. Curiosamente, fueron los propios miembros de UCD navarros los que se negaron a acudir a esa reunión, con lo cual en el Consejo General Vasco se excluyó a Navarra. Como en el caso de Catalunya, tampoco fue restablecido el Estatuto aprobado por la República antes de la Guerra Civil.

Estos contactos hicieron que otras regiones que no tenían tradición histórica nacionalista reclamaran también su autonomía. Los movimientos regionalistas hicieron que el Gobierno atendiera y concediera lo que podríamos denominar preautonomía a todas las regiones que lo pedían, lo cual causó un debate entre si España debía ser un estado de algún modo federal o, por el contrario, Catalunya y Euskadi debían recibir un trato especial.  Finalmente y aunque no se denominó de ese modo, se optó por el modo federal.

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