La desigualdad de la Ley Electoral

Cuando algunas formaciones políticas, como es el caso de Ciudadanos, opinan que hay que cambiar la Ley Electoral para hacerla más justa, muchas personas no tienen claro qué quieren decir con eso. Todo el mundo opina que la Ley d’Hondt es quien crea la desigualdad entre votos y escaños, pero lo cierto es que eso no es del todo así, por más que la mayoría lo dé por hecho.

De igual modo, tampoco es del todo cierto que la Ley d’Hondt favorezca al bipartidismo, entendiéndolo como PP y PSOE. Dicha ley favorece a las formaciones que más votos tienen y aumenta en escaños la distancia real entre la primera y la segunda fuerza, entre la segunda y la tercera, entre la tercera y la cuarta… decreciendo esa distancia de tal manera que se podría decir que favorece a que haya un bipartidismo, pero no al bipartidismo entendiéndolo como PP y PSOE.

Lo que hace desigual la Ley Electoral (y recalco la palabra desigual y no injusta) es la repartición entre provincias ya que no se hace de un modo del todo equitativo. En la Ley española, se “regalan” dos diputados por provincia y uno a Ceuta y Melilla. Eso hace que 102 diputados en total se decidan sin proporción de habitantes, mientras que los restantes 248 sí se reparten equitativamente.

Es decir, por poner un ejemplo, si en Soria no viviese absolutamente nadie, seguiría teniendo dos diputados si no se cambia esta ley. La consecuencia de este procedimiento es que las provincias menos pobladas salgan beneficiadas, mientras las mayores quedan infrarrepresentadas. Esto perjudica a la proporcionalidad de nuestro sistema electoral. Ya de entrada, el porcentaje de votos a nivel nacional no puede coincidir con el porcentaje de escaños, porque las provincias están descompensadas. De esta manera, Soria, Zamora o Teruel tienen más peso del que les correspondería, mientras que Madrid, Barcelona o Valencia tienen menos. Pero esta distorsión no tiene nada que ver con la Ley d’Hondt.

Esos Diputados que se “regalan” a las provincias y el hecho de que se pierdan los votos de los partidos que no llegan al 3% de los sufragios es lo que trastoca los resultados. Teóricamente, es para que se pueda hacer un gobierno más sólido y cierto es que en las Generales nunca ha variado que el partido que más votos tiene no sea el mismo que el que venza en diputados, pero esto puede cambiar si se siguen igualando las fuerzas y, actualmente, cada vez hay más partidos que puedan ganar las elecciones.

La desigualdad de la Ley Electoral beneficia a los partidos que vencen en las provincias. Por decirlo así, es mejor ganar en tres provincias que quedar tercero en veinte. Por más que tengas más votos, eso beneficia indirectamente a los nacionalistas vascos y catalanes, que no es que tengan muchos más diputados que los que merecen, sino que se benefician de ello al superar al gran perjudicado histórico, Izquierda Unida (y en las últimas elecciones, UPyD) que, teniendo más votos que los nacionalistas, han tenido menos escaños.

Según los sondeos de las elecciones del 20 de diciembre, el gran beneficiado de dicha desigualdad sería el PP. Los Populares, curiosamente, sólo lograrán ganar en una de las cincos provincias más pobladas, pero vencerán en las 14 circunscripciones más pequeñas, obteniendo en las mismas el mismo número de escaños, aproximadamente 25. Es decir, el PP conseguirá ese número entre Lugo, Orense, Salamanca, Ávila, Cuenca, Guadalajara, Huesca, Palencia, Segovia, Teruel, Zamora, Soria, Ceuta y Melilla las cuales, teniendo entre todas menos de 3 millones de habitantes, se disputan 40 diputados, mientras que la Comunidad de Madrid tiene 36 representantes con seis millones y medio de habitantes.

En las elecciones de 2011, el gran beneficiado fue el PP, obteniendo un 8,72% más de escaños que de votos, seguido por el PSOE que obtuvo un 2,70. Entre los nacionalistas, CiU se benefició en un 0,40 y al PNV le perjudicó 0,10. La desigualdad de la Ley Electoral fue un lastre para UPyD quien obtuvo un 3,26 más de votos que de escaños e Izquierda Unida que consiguió 3,78.

De modo que, por más que lo oiga por ahí, no es cierto que la Ley d’Hondt sea la que marca la desigualdad, sino esos diputados que se regalan a las provincias, así como tampoco es cierto que el sistema electoral beneficie directamente a los partidos nacionalistas.

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