Al otro lado de la Ley

No sé bien si debería ser un lingüista, un jurista o un político quien dijese si lo que ocurrió en el Parlament es o no un golpe de estado, pero un golpe contra el estado seguro que sí es. Cuando veo estas cosas y pienso en la gente que ha apoyado el independentismo, a veces trato de intuir qué dirán estas mismas personas pasados diez años, cuando la distancia les haga ver las cosas como realmente son y se avergüencen de ello, porque lo harán, créanme. Perdónenme el símil pero, para estas personas, mirar atrás y verse defendiendo lo indefendible será como cuando nos vemos en fotos de hace diez años y decimos: “¡¿pero esas pintas llevaba yo?!”.

El sistema democrático, con su imperfecciones, ha conseguido que el periodo que nos lleva desde el final de la dictadura hasta nuestros días sea el de mayor soberanía, libertad, justicia y prosperidad del pueblo español. La democracia en España, además, representa el perdón y la reconciliación de los vencedores y de los vencidos en una guerra civil que dejó unas cicatrices tan profundas que, lamentablemente, llega aún a nuestros días, aunque ya prácticamente no queden personas que protagonizaran esa triste batalla.

Como ya he dicho, el sistema democrático tiene sus imperfecciones, pero es el que los españoles eligieron para no volver a vivir el horror de las batallas y toda la gente que desprecia lo que algunos ahora llaman “el régimen del 78”, me refiero a partidos de izquierda radical y a independentistas, deberían darse cuenta, no ya de que gracias a ese sistema tienen la libertad de expresar sus pensamientos, sino que a diferencia de lo que pasa en países como Estados Unidos, Francia o Alemania, pueden defenderlos en un Parlamento.

Esto que llamamos “Proces” no sólo atenta a todos los catalanes y resto de los españoles por no respetar la Ley, la Constitución y el Estatut de Catalunya sino que también lo hace directamente, porque Junts pel Sí quiso hacer de unas elecciones autonómicas un referéndum y le salió mal. Únicamente les votó el 39,6% de los votantes y el 29,5% del total de los catalanes, con lo cual no puede ampararse en el pueblo para seguir adelante.

No me gusta utilizar términos bélicos, pero no puedo describirlo de otro modo. Esto es una guerra entre la clase política, que ha robado tanto y tanto y que sabe que la única forma de no acabar con sus huesos, los de sus familiares y los de sus amigos en la cárcel es inventarse otro país con sus propias reglas y jueces, y un pueblo que ayer se despertó pensando en ir a trabajar o buscar trabajo, en la crisis de los refugiados, en la jornada liguera de fútbol o en el mundial de motociclismo y no en que ese día era en el que Catalunya iba a comenzar a desligarse de España.

Mao Zedong dijo en cierta ocasión algo así como que “la política es guerra sin derramamiento de sangre y que la guerra es política con derramamiento de sangre”. Yo no estoy del todo de acuerdo, pero sí en que eso es lo que está ocurriendo en Catalunya ahora mismo. Una minoría quiere buscar recovecos políticos para obligar a una mayoría a hacer lo que no quiere y es ahí donde los catalanes debemos unirnos para no dejar que eso ocurra.

Digo y repito por enésima vez que yo no tengo miedo a que haya independencia, porque no la va a haber nunca, entre otras cosas, porque los catalanes no la quieren. Pero sí me asusta la posibilidad de que de esto se salga mal parado, que entre amigos, vecinos o familiares se abran cicatrices que no se puedan curar jamás. Por eso, hago un llamamiento a personas que votaron a Junts pel Sí o a la CUP y les pido que reflexionen, que realmente piensen si la democracia y la convivencia no están por encima de ideologías, porque estoy seguro de que la mayoría de estos votantes no seguirá apoyando y defendiendo lo indefendible.

Sea un golpe de estado o un golpe contra el estado, la cuerda se ha tensado tanto que se empieza a romper y, cuando se rompa, habrá personas que salgan mal paradas pues, seguramente y como ocurre siempre, pagarán justos por pecadores. Por eso pido que entre todos tratemos de hacer la vida un poco más fácil y pensemos en todo lo que nos costó llegar a tener esta democracia y qué triste sería llegar a perderla.

Fuente de la fotografia de portada: EFE, extraída de vozpopuli.com
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