1975-2015 Historia de la democracia en España (IV)

La portada de DIARIO 16 del día siguiente a la Ley para la Reforma Política era clara y concisa “ADIÓS DICTADURA, ADIÓS”. Pero las cosas no eran tan fáciles en aquella época y, desde esa votación en el Congreso hasta al referéndum, pasaron muchas cosas. La oposición de izquierdas pidió a los españoles que no acudiesen a las urnas pues, en la opinión de sus líderes, no se debía votar SI porque había partidos que aún no estaban legalizados, ni tampoco votar NO porque eso haría imposible la entrada de la democracia.

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Fuente: Fundación Juan March

Quienes pedían votar NO era la ultra derecha que el 20 de noviembre, aniversario de la muerte de Francisco Franco, se manifestaba en la Plaza de Oriente y mostraba su malestar por lo que consideraba un traición a la memoria del Caudillo. Al grito de “Suárez dimite, el pueblo no te admite” y de “Ejército al poder” creía tener aún fuerza para entorpecer la vía democrática, sobretodo porque de los 59 Procuradores en Cortes que votaron NO a la ley, 8 de ellos eran militares de alto rango.

El gobierno de Suárez iniciaba una gran campaña pidiendo el voto a favor con el eslógan “Habla, pueblo, habla” y “Si votas hoy SÍ, podrás decidir mañana”. El Presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, trataba de convencer al líder del PSOE, Felipe González, de que legalizase al partido, pero González se negaba debido a que, a su parecer, no había seguridad suficiente de que el referéndum y las posteriores elecciones fuesen a ser totalmente democráticas. Además, se quejaba de que hubiese campaña del Sí, pero no del NO.

De modo que el PSOE organizó su 27ª Congreso, aún en la clandestinidad. Allí y a pesar de que la mayoría de la cúpula era social-demócrata, el partido votó incluir el término “Marxista” a su denominación, cosa que no ocurría en ningún partido socialista europeo, algunos de cuyos líderes estaban presentes en el Congreso.

A eso reaccionó Santiago Carrillo haciendo una rueda de prensa, a pesar de su situación ilegal en España. Carrillo sabía que, después de lo votado en Cortes, no podían detenerle, porque eso haría quedar mal al intento democrático español y reiteraría que, sin la legalización del Partido Comunista, no habría unas elecciones verdaderamente democráticas.

Para acabar de complicarlo todo, la banda terrorista GRAPO secuestraba a Antonio de Oriol, Presidente del Consejo del Estado, que además era una figura de las más inmovilistas de las Cortes y había sido militar en el lado ganador de la Guerra Civil. El GRAPO (grupo terrorista teóricamente de izquierdas, pero siempre bajo sospecha de que realmente lo dirigía la ultra derecha) pedía la excarcelación de 15 terroristas, algunos del propio GRAPO, otros de ETA, FRAP y Unión del Pueblo Gallego. Todo eso a tres días del referéndum.

Suárez habló al pueblo ante las cámaras de TV y pidió que no tuviese miedo y fuese a votar para convertirse en los dueños de la soberanía popular. Finalmente, el referéndum fue un éxito, el 77,8% de los españoles pasaron por las urnas y el 94,2% votó SÍ. El gobierno de Suárez salió firmemente reforzado del envite, pero con el temor de que llegase la noticia del asesinato de Antonio de Oriol. Por fortuna, finalmente no fue así.

Mientras duró el secuestro, la extrema derecha lo utilizó para quejarse de que el gobierno era débil y se reclamaba una y otra vez un gobierno militar… “Ni Juan Carlos ni Sofía, no queremos Monarquía”. Comenzaron ataques contra librerías progresistas en el mes de diciembre de 1976. La policía detuvo a Santiago Carrillo (algunos dicen que para protegerle) pero sería liberado siete días más tarde tras la avalancha de protestas y la reacción internacional. Los ataques contra comunistas fueron cada vez más violentos y, a finales de enero de 1977, llegó el momento más trágico de la Transición. “La semana trágica”.

Los franquistas del búnker se propusieron detener el proceso de cambio creando un clima de pánico que justificara la intervención del Ejército. Primero, cuando el 23 de enero en la Gran Vía de Madrid, un estudiante, Arturo Ruíz, que participaba en una manifestación proamnistía, era asesinado por unos matones del grupo de extrema derecha Fuerza Nueva. Al día siguiente, se produjo el hecho más grave: pistoleros «ultras» irrumpieron en el despacho de unos abogados laboralistas vinculados a Comisiones Obreras y al Partido Comunista, el sitio fue en la calle de Atocha de Madrid donde pusieron contra la pared a ocho de ellos y a un conserje, disparando a continuación. Cinco miembros del bufete murieron en el acto y otros cuatro fueron gravemente heridos. La matanza de Atocha no consiguió su objetivo de crear un clima que evocara la Guerra Civil sino que, por el contrario, levantó una ola de solidaridad con el Partido Comunista que congregó en la calle a una multitud para asistir al entierro de los militantes asesinados.

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