1975-2015 Historia de la democracia en España (II)

España pudo haber tenido un Presidente del Gobierno distinto a Adolfo Suárez para llevar los mandos de la Transición, pero la designación de Fernández-Miranda, como Presidente de las Cortes poco después de morir Franco, llenó de indignación a los franquistas. Eso hizo que el Rey desestimara la opción de López de Letona y mantuviera a Gómez Navarro. También hubo la posibilidad de que el propio Torcuato Fernández-Miranda fuese elegido Presidente del Gobierno, pero él mismo prefirió el cargo de presidir el Consejo del Reino.

Eso no quitó que Juan Carlos I siguiera manteniendo la idea de buscar un presidente reformista y que éste fuese una cara nueva en política. Para la historia ha quedado que fue Fernández-Miranda quién apostó por Adolfo Suárez, pero éste siempre ha asegurado que fue el propio monarca quién le preguntó por Suárez.

Lo cierto es que la busca del hombre adecuado para conducir la Transición fue lo que más tiempo ocupó en los pensamientos y las conversaciones del Rey desde que comenzó a verse como futuro Jefe del Estado. Habló con centenares de personas, estudió los perfiles y, entre los candidatos, siempre estuvo Suárez.

Adolfo era cuanto menos un hombre valiente y lo demostró, entre otras cosas, cuando se postuló a un puesto que quedaba libre en el Consejo Nacional del Movimiento, no por postularse en sí, sino por el hecho de que sólo él se atreviese a enfrentarse a la otra persona que se había postulado, Cristóbal Martínez-Bordiú, Marqués de Villaverde, es decir, el yerno de Franco. Si Suárez perdía ese duelo que todo el mundo daba por perdido, su carrera política no llegaría muy lejos. Sin embargo, y ante la sorpresa inicial, se impuso claramente al “yernísimo” por 66 a 25 votos.

Mientras, Arias Navarro y Manuel Fraga redactaban el proyecto de ley que regulaba el Derecho de Asociación Política. Navarro y Fraga no representaban lo mismo, Arias Navarro era totalmente franquista, al punto de llegar a decir y dirigiéndose a los Procuradores en Cortes que “os corresponde la tarea de actualizar nuestras leyes e instituciones como Franco hubiera deseado”; Fraga, sin embargo, era más reformista, pero tuvieron que trabajar juntos.

Adolfo Suárez, ya como Ministro, recibe el encargo de defender dicha ley en las Cortes. Suárez sabe que se trata de su gran prueba y también intuye que el Rey pronto cesará a Arias Navarro y buscará un Presidente que ayude al monarca a implantar la democracia. Suárez dijo: “Iniciemos la senda nacional de hacer posible el entendimiento por vías pacificas, hagamos la paz civil por la vía del diálogo, vamos a elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es simplemente normal”. Esa frase que ahora quizá no lo parezca era revolucionaría, sobretodo dicha ante las aún cortes franquistas. La ley fue aprobada por amplía mayoría. Horas después, se modificarían algunos puntos, pero el primer paso ya estaba dado.

Según el libro de Fernández-Miranda Lo que el Rey me ha pedido, la criba del Rey había dejado en siete nombres los candidatos a la presidencia del gobierno: Areilza, Fraga, López de Letona, Pérez de Bricio, Silva Muñoz, López-Bravo y Suárez.

El Rey, jugándose la corona, decidió que ya no había más tiempo que perder, que la democracia no podía ni debía esperar y decidió “aconsejar” al Presidente Arias Navarro que dimitiera. Lo hizo llegado el momento y el Rey aceptó. Le nombró Marqués y ya toda España comenzó a hacer quinielas sobre quién sería el nuevo Presidente. Para la prensa, sólo había dos opciones, José María de Areilza o Manuel Fraga. Todo ese revuelo hizo que pasara casi desapercibido que ese mismo día comenzase a permitirse el cambio de nombre en el Registro Civil, aceptando usar oficialmente los nombres en catalán, gallego y vasco.

Ya antes de la dimisión de Arias Navarro, el Consejo del Reino comenzó a hablar con los posibles candidatos a la Presidencia y ya entonces se añadió a los dos antes señalados a Adolfo Suárez, un hombre joven que no había hecho la guerra ni pertenecía a las élites dominantes, de la misma manera que tampoco se encontraba instalado en los círculos de poder.

Al parecer, el primer descarte fue Fraga, el cual tenía demasiado claras sus propias ideas como para oír al Rey. Areilza tenía una mentalidad demasiado antigua, pero eso no hizo que Suárez fuese Presidente, sino que se sumó a la lista a Federico Silva Muñoz y a Gregorio López-Bravo. Como ha reconocido después Rodolfo Villaz-Mir, Suárez no podía salir.

Sin embargo, el Rey ya estaba casi decidido a nombrar a Suárez, por más que sus consejeros no lo viesen con buenos ojos. Era una persona de su generación, que no era franquista y podría traer consenso. Fue entonces cuando el futuro Presidente y el Rey se toparon en el palco del Santiago Bernabeu. El Real Madrid perdía y en el descanso Su Majestad se acercó a Suárez y le dijo: “El Madrid ya no es lo que era, se ha quedado anticuado, necesita nuevas ideas. Quizá todo iría mejor con un Presidente joven”.

Suárez quiso pensar que el Rey le estaba dando pistas, pero no le dijo nada a nadie sobre aquella conversación. Sin embargo, a partir de ese momento, comenzó a trabajar pensando en que próximamente sería el Presidente del Gobierno.

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