Los ciudadanos que vienen

Evolución y no revolución, justicia y no venganza, respeto a la Transición, a una democracia española que en este momento necesita un cambio. En este país no se necesita una nueva Constitución, sino que la que tenemos y que debemos defender se ejerza de un modo justo pero estricto.

La corrupción, el paro, los problemas en la enseñanza, sanidad y cultura… no se pueden solucionar por cambiar un párrafo o por borrar o añadir una línea de la Carta Magna. Eso es un hecho, por más que formaciones como el PSOE de Pedro Sánchez o Podemos de Pablo Iglesias, opinen lo contrario, que solamente hace falta escribir una línea en nuestra Constitución como para que, por arte de magia, todo cambie.

Es por eso por lo que Ciudadanos no es sólo un partido político, sino un proyecto de estado en el que no se debe pensar en una legislatura, sino en al menos una generación, la próxima, la que está por venir y que debe crecer conociendo sus derechos y también sus deberes. Como pasa en los países más prósperos de Europa, los niños deben aprender leyes, saber su Constitución y entender que su país no es una bandera ni un himno, sino que su país es como una familia en la que todos debemos ayudarnos y apoyarnos.

De entender eso, España será pronto un país normal, en la que sus ciudadanos, como pasa en Francia, Suiza, Alemania o el Reino unido, trabajen por un bien común, por el bien de todos, y no como hasta ahora que vivimos más mirando en qué tiene el vecino, sin damos cuenta de todo lo bueno que tenemos nosotros.

Para que España sea una nación que mire de tú a tú a las grandes naciones de Europa, no necesita desobedecer como pide Podemos, pero tampoco arrodillarse como ha hecho el PP. Lo que este país necesita es ponerse al nivel y, para ello, es primordial la cultura y entender que hay que esforzarse en conseguir lo que nos proponemos.

Los ciudadanos no debemos ser viajeros que no sabemos dónde vamos y que ponemos nuestro camino en el rumbo que marque el Gobierno. Los españoles debemos indicar a dónde queremos ir y que el Gobierno nos lleve por la ruta trazada. De algún modo y como trató de hacer entender John F. Kennedy a los americanos, no hay que pensar en qué puede hacer el país por nosotros, sino en qué podemos hacer nosotros por el país y es por eso que, hablando sobre la democracia, no debemos pensar que nuestra única responsabilidad es votar cada cuatro años, porque no es así. La democracia hay que ejercerla cada día, exigiendo nuestros derechos pero también aceptando nuestras responsabilidades.

Todo eso a sabiendas de que, difícilmente, todo va a estar a nuestro gusto del todo, pero ese el secreto para que las leyes y la Constitución sean justas. No podemos querer que todo esté a nuestro gusto porque, si son perfectas para uno, serán imperfectas para el resto y, como dijo el Presidente Adolfo Suárez, “hay que buscar siempre las cosas que nos unen y dialogar con serenidad y espíritu de justicia sobre aquellas que nos separan”

Albert Rivera es un hombre de consenso, una persona que puede sentar a una mesa a todos y hacer entender que, más allá de las rivalidades, los políticos no deben mirar el bien de sus partidos, sino el de su país. El 20 de diciembre los españoles estamos llamados a las urnas y debemos saber que en nuestra mano está que nuestra democracia, que ha quedado estancada, salga de ese parón y avance, así como también entender que la diferencia entre en un súbdito y un ciudadano es que los súbditos son los que preguntan qué nos va a pasar mañana y los ciudadanos somos los que nos preguntamos qué vamos a hacer mañana.

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