Mas vete ya

Cada día está más claro que en Convergència ha habido corrupción de partido desde hace años. Y, sí, sé que eso no nos sorprende. Hace ya tantos años que Pascual Maragall dijo que el problema de CiU era el 3% que esto se destape ahora es ridículo. Artur Mas debe dimitir como presidente de su partido al que está llevando a al ruina, ya no porque su imagen pública esté empañada, ni por las sedes embargadas, sino incluso políticamente. Ya hemos dado datos otras veces, pero lo volveremos a hacer. CiU llegó a tener con Jordi Pujol 72 escaños. Cuando Mas aún no era independentista tenía 62 y, en la primeras elecciones, con la “estelada” en la mano, bajó a 50. A día de hoy solamente tiene 30.

Curiosamente, mientras menos respaldo tiene, más habla en el nombre de todos los catalanes. De hecho, incluso utiliza la casa de todos, el Palacio de la Generalitat de Catalunya, para hablar de los problemas de Convergència. Artur Mas ya no sabe separar su partido de Catalunya, ni ser el líder de Convergència con ser el Presidente en funciones de Catalunya. Mas se aferra al cargo, del mismo modo que se agarra a la estelada para tapar sus miserias. Lo que ocurre es que pronto no va a haber tanta tela en Catalunya como para confeccionar una bandera tan grande como para tapar todo lo podrido que hay dentro de su partido y de los distintos gobiernos de la Generalitat.

De todos modos, taparse con el independentismo no le va a servir mucho tiempo. Cada día está mas cerca el momento en el que los votantes de ERC, la CUP u otros partidos que quieren la independencia o apuestan por el derecho a decidir se revelen contra Mas, se den cuenta de que el hasta ahora President es un impedimento para cualquier tipo de debate. Si Artur Mas es la cara y la voz del independentismo, esta corriente se autodestruirá y eso lo saben tanto los miembros de otros partidos, como los de Convergència.

De hecho, el futuro de Convergència es muy oscuro porque, si con el cambio de Mas, si con su deriva hacia el separatismo, hubiese encontrado críticas dentro de su partido, quizá CDC podría recobrar el rumbo sin Mas. Pero cuando todo el partido le ha seguido tan ciegamente, ¿cómo hacen ahora para volver a la buena senda? Si los concejales convergentes de veinte años se muestran más separatistas que el propio Artur Mas, ¿quién va a llevar al partido a hacer políticas, a trabajar por la educación, por la cultura, por la sanidad, después de tantos años en los que sólo ha habido banderas, influencias en los medios de comunicación y embajadas en el extranjero?

Más allá de nuestra ideología, de nuestras creencias, de nuestras aspiraciones, debemos tener claro los catalanes que, para llevar nuestro pueblo, nuestras provincias y nuestra tierra para buen puerto, hemos de volver a trabajar todos para el bien común y eso solamente se consigue repitiendo las elecciones y que Convergència se presente con un candidato que no sea Mas, que no pertenezca a su séquito, un candidato que pueda hablar libremente, que tenga las manos limpias y que busque el bien de todos los catalanes.

Lo principal, lo más importante de la democracia debería ser que el Parlament representase equitativamente lo que piensan los catalanes. Ha llegado el momento en el que hay que pensar en las personas y no en los partidos y eso sólo se consigue con unas elecciones en las que no se escondan las siglas, en las que no se escondan los candidatos y en las que todos acepten el verdadero resultado que los catalanes dicten.

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