Transición 2.0

Cuando Adolfo Suárez anunció su dimisión en enero de 1981, dijo la famosa frase “No quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España”. Lo hizo en TVE, cadena que interrumpió sus emisiones a las 19.40 horas para transmitir la locución del aún Presidente del Gobierno Español.

En todo este tiempo, han cambiado muchas cosas. En aquellos entonces, la democracia estaba amenazada por varios bandos, desde ETA en su época más sangrienta, hasta grupos de ultra derecha y finalizando por el ejército, que aún no creía en la democracia y añoraba la época franquista. Después, vinieron tiempos de bonanza y tranquilidad y ahora, tantos años después, el sistema democrático vuelve a estar amenazado, sobretodo por los nacionalismos y por la nueva ultra izquierda.

A día de hoy, hay dos tipos de nuevas políticas, los que critican la Transición y acusan de los males de España a lo que llaman el Régimen del 78 y los que, por el contrario, opinan que, gracias a las decisiones que se tomaron entonces, hemos vivido la mejor época en cuanto a bienestar, prosperidad y libertad de toda la historia de España.

Lo que ha ocurrido sin duda es que el proyecto democrático ha dejado de avanzar, de prosperar. Nos gustarán más o menos sus ideas, pero en España ha habido tres grandes proyectos de Estado. El de Suárez, el de González y el de Aznar. Todos ellos con sus luces y sus sombras. Desde entonces, hemos asistido a un claro retroceso con dos presidentes que han llevado el barco a la deriva. Aparte de los errores de Zapatero y Rajoy, también ha ocurrido que la política del país sucumbió a cierta desidia. Los españoles decidimos dejar de interesarnos por la política y nos conformarnos con alternar los partidos cuando lo hacían mal. En cierto modo, nos habíamos aburguesado, hasta que la crisis nos ha hecho despertar.

Soy muy crítico con los que ahora dicen que todo se hizo mal desde el principio, con los que no respetan el esfuerzo de la Transición y es hasta triste que los que atacan la Constitución, nacionalistas y partidos de ultra izquierda, renieguen ahora de la Transición y la Constitución, cuando tienen todo lo que deben precisamente a esa época y muy especialmente al trabajo de Adolfo Suárez que fue el precursor de las autonomías y de la legalización del partido comunista.

España necesita una nueva Transición y una nueva lectura de la Constitución pero, obviamente, para cambiar las cosas que están mal, no para ayudar a los que quieren romper el país, para los que no respetan la Carta Magna. El país necesita una modernización, una Transición 2.0 y parece claro que esa posibilidad existe ahora, porque hay un nuevo monarca, más joven, más preparado y con las ideas más claras, y también porque el nuevo presidente del gobierno podría tener el mismo espíritu integrador, de diálogo y miras de Estado que Adolfo Suárez.

Decir que Albert Rivera puede ser el Suárez de esta época es complicado, porque los tiempos son diferentes. Pero, del mismo modo que Suárez era el único capaz de sentar en una misma mesa a Fraga y Carrillo, Rivera es el único que puede sentar a Rajoy e Iglesias. Pero ya he dicho que ni la época es la misma ni Felipe es Juan Carlos, de la misma manera que Rivera no es Suárez, ni C’s es la UCD, aunque haya similitudes en todo ello.

Adolfo Suárez trabajó incansablemente por el bien de su país, incluso lo dijeron sus detractores, como Alfonso Guerra quien escribió en sus memorias que era un hombre de estado por encima de todo, incluso del bien de su partido. Y, así es, por más que ahora muchos quieran ensuciar su imagen. Suárez consiguió lo que parecía imposible, logró que las Cortes franquistas se autoeliminaran, traer la democracia, legalizar el partido comunista, el divorcio, conseguir que los antiguos enemigos de la guerra se sentasen alrededor de una misma mesa y todo eso teniendo que enfrentarse a parte de su partido y parte, incluso, del ejército. Todos sabemos de su valentía el 23 de febrero, cuando no se arrodilló ante los golpistas. En ese momento, quizá el más difícil de la democracia española, Suárez se portó como un héroe y, del mismo modo que hacen ellos, no dio importancia a su heroicidad. Primero luchó por ser presidente, por cambiar su país y después lo olvidó, como no dando importancia a quien fue ni a lo que había hecho. Sin embargo, antes de perder la memoria escribió algo, quizá una profecía “Qué pensarán pasados unos años de mis proyectos, mis esfuerzos, mis tentativas para lograr una España normal, más libre, más justa, en la que todos los españoles pudieran sentirse ciudadanos”.

Es momento de elegir y saber si se quiere o no intentar ser un país más fuerte, más moderno o si, por el contrario, vamos a quedarnos como estamos hasta ahora. El 20 de diciembre está cerca y será el momento, quién sabe, de actualizar la Transición. ¿Serán Felipe VI y Albert Rivera los encargados?

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