Se igualan las fuerzas

Las encuestas electorales marcan la tendencia. Lógicamente, no son fiables al 100 por 100 pero sí pueden valer para saber por dónde irán los tiros. Todo el mundo cree que estas encuestas pasan por la cocina para favorecer a uno u a otro, yo creo que quien piensa eso es que nunca se ha parado a mirar, dato a dato, cómo se estudian las respuestas de las personas a la hora de dar los resultados. Se suele pensar que quién pide la encuesta la infla, pero no siempre es bueno contar votos de más y menos para alegrar a la tropa. De modo que alterar a la alza no tiene por qué ser bueno, a veces podría favorecer poner de menos que de más y no al revés, a no ser que lo que buscan sea que algún partido se beneficie de lo que mal llamamos el voto útil.

Aún y así, yo confío en las agencias, no creo que para ellos sea bueno errar porque, obviamente, pierden credibilidad. Lo que sí es verdad es que no es lo mismo hacer una encuesta sobre mil que sobre cien y, normalmente, a más amplia, más acierto. En las elecciones catalanas fui siguiendo lo que decía el CIS y GESOP que las hace para EL PERIÓDICO y no suelen equivocarse mucho. Las dos estuvieron cerca de la verdad, sobretodo esta última que dio de lleno en los resultados de Junts pel Sí, Ciudadanos, PP y Unió. Casi acierta los resultados de la CUP y varió sólo con PSC y Catalunya Sí que es Pot. El CIS se equivocó de uno en Junts pel Sí, clavó los del PSC y le dio algún escaño a Catalunya Sí que es Pot que en realidad eran de Ciudadanos.

Curiosamente, muchas personas cercanas al independentismo criticaron las encuestas porque decían que en el voto directo Junts pel Sí sacaba más y cierto era, pero ahí es donde entran las matemáticas. Si entre los indecisos la gran mayoría decía que no votaría nunca a Junts pel Sí, era normal que el porcentaje que le asignaban con el voto directo bajara, como así fue y esa horquilla de entre 60-62 que daban las encuestas se cumplió.

El sondeo que publicó ayer EL PAÍS está causando revuelo. Podemos cae en picado, recuerda a esos coches de Fórmula 1 que, avanzada la carrera, se le degradan las ruedas y cada paso por vuelta lo da lento y más lento. Empezó el año primero en las encuestas con el 28,2% de la intención de voto y ahora se sitúa cuarto con el 14,1%, es decir, justo la mitad. Ahora todo el mundo dice que ya se veía venir que el partido de Pablo Iglesias caería en picado, pero lo cierto es que hace menos de un año, la mayor parte de las personas creían que ganaría y añadían que no iba a poder gobernar.

La encuesta da un empate técnico entre PP y PSOE. Los malpensantes comienzan a decir que lo que este sondeo busca es que C’s tenga que mojarse antes de las elecciones y declarar si es más próximo a PP o a PSOE, imaginando que donde Ciudadanos se sitúe acabará beneficiando al partido contrario. Yo, sinceramente, no creo en esto. No sólo ya porque Ciudadanos no vaya a posicionarse, que no lo hará pues Albert Rivera ya ha dicho una y otra vez que el partido naranja busca su sitio en el centro y que confía que la tercera vía pueda triunfar en España, sino también porque los votantes aférrimos de PP y PSOE no son los que están pasando a Ciudadanos, sino personas que, habiendo votado con anterioridad a los partidos grandes, muchas veces cambiando el voto del uno al otro, ahora quieren un cambio que ni PP ni PSOE pueden darlo.

En todas las encuestas del año, Ciudadanos y Podemos han tenido entre un 35 y un 40% de intención de voto entre los dos y ese voto es difícil que vuelva ya a PP o PSOE, porque son las personas que ya no creen en la vieja política y opinan que debe entrar sabía nueva, aunque, al parecer, en estos meses la mentalidad ha cambiado y los españoles dejan de ver a Podemos como los que harán ese cambio y ahora parecen confiar en Ciudadanos los cuales, a principios de año, tenían, y hablamos siempre de las encuestas de EL PAÍS, el 8,1% de los votos, llegando a subir hasta el 19,4% antes de las municipales y autonómicas. Después sufrió un bajón, probablemente porque personas que querían ese cambio no entendieron que C’s pactara con el PSOE en Andalucía y el PP en Madrid.

El partido de Rivera no hizo como Podemos y no cambió el discurso. Apoyó al partido que los ciudadanos andaluces y madrileños habían votado, pero a cambio de sacar a los corruptos y de que los partidos gobernantes tuvieran que firmar unos folios llenos de exigencias. Con el tiempo, el ciudadano de a pié vio que lo que C’s había hecho era sensato y los números volvieron a subir hasta llegar al 16,1% a las puertas de las controvertidas catalanas. Allí ya sabemos qué pasó, en el lugar donde más se conoce a Ciudadanos, en la comunidad donde el partido lleva luchando casi diez años, Ciudadanos barrió a PP y PSOE, pero también a Podemos y se ha convertido en la única fuerza constitucionalista capaz de plantar cara a los separatistas de Mas.

En la encuesta de octubre, ya han visto, Ciudadanos está equiparado a PP y PSOE. Pero eso tampoco ha hecho que las cosas cambien en C’s. El discurso de humildad y prudencia sigue. Rivera y los suyos saben que PP y PSOE tienen muchos recursos pero, a su vez, Rajoy y Sánchez también saben que tendrán que andarse con ojo, que se les ha colado un competidor del que mal harían en criticar gratuitamente. Porque todo el mundo ya sabe, que sea primera, segunda o tercera fuerza, difícilmente nadie va a poder gobernar sin contar con Ciudadanos.

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