Las cuentas claras

No ha sido una sorpresa, lo tuvimos siempre claro pero, a pesar de eso, debemos hablar hoy de ello. Los independentistas perdieron ayer, eso es obvio. Se unieron dos de los partidos más fuertes de Catalunya, unos de izquierda y otros de derecha, para buscar la mayoría absoluta y no la consiguieron. Fin.

Aquí debería acabar la historia pero sabemos que no será así por dos grandes motivos: porque Mas es un superviviente del vivir del cuento y porque este independentismo catalán no respeta a los que no piensan como ellos.

Junts pel Sí habría conseguido el 51,2% de los votos en 1984, el 50,1 en 1988, el 54,8 en 1992, el 50,9 en 1995, el 46,8 en 1999, el 47,4 en 2002, el 48,7 en 2006, el 45,5 en 2010 y el 44,4 en 2012 y, sin embargo, ahora, cuando lo utilizan como un plebiscito para la independencia, solamente le votan un 39,5% de los que acudieron a las urnas.

Sé que parte de los votos de Junts pel Sí han ido a la CUP pero así tampoco salen las cuentas. En 2010, últimas elecciones sin sabor independentista, las fuerzas soberanistas tuvieron el 50% de los votos (CiU + ERC + SI + Reagrupament Independentista); en 2012, ya con el proceso, bajaron a 49,15% y, ahora, en 2015 a 47,78%, es decir, siempre, va a menos y no por que los independentistas sean menos, sino porque cada vez votan más personas. Es decir, porque cada vez van a votar más personas de lo que hay quien denomina la “mayoría silenciosa”.

En las elecciones se cumplió lo que tantas veces hemos dicho aquí. Mientras más personas votan, peor les va a los independentistas, porque esa parte de los que no votan no lo hacen porque durante años las autonómicas no han sido vistas como propias,porque hasta la llegada de Ciudadanos, no había ninguna formación que no hubiese pactado con los nacionalistas.

La coartada independentista está en decir que hay gente que vota a Catalunya Sí que es Pot que es independentista, lo cual es una trampa doble: una, porque la coalición se ha declarado durante todo momento en contra del proceso, tanto que hasta Mas llegó a comparar a Iglesias con Aznar; y, dos, porque no todos los que han votado a Junts pel Sí son independentistas y eso lo dejan claras las encuestas, pues muchos de los votantes de Convergència creen que, apretando por este lado, se llegará a obtener mejoras económicas para Catalunya.

Tanto es así que yo lanzo una apuesta y, hasta ahora, no me he equivocado mucho en mis predicciones políticas que ido dejando escritas aquí. Sí algún día hay un referéndum, ya sea vinculante o no, votarían el Sí muchas menos personas de ese 47,78%, atreviéndome a decir, y aquí lo dejo por si en un futuro hay que revisarlo, que el Sí apenas superaría el 30% de los votos. Y mi racionamiento lo llevo a esas dos cosas: a que hay personas que no votan y que en ese caso votarían y a que muchísimos de los que el domingo votaron a fuerzas independentistas, en un caso de Sí-No, votarían No, lo cual no debería sorprender a nadie ya que en el Quebec y Escocia pasó exactamente lo mismo.

En los próximos días veremos una lucha por el trono entre los independentistas: los de Junts pel Sí, Romeva, Mas y Junqueras, que no son más que vividores que buscan un sillón; y los de la CUP, que hasta ahora han sido personas de palabra más allá de su alocada tendencia. Ayer lunes Baños lo dijo claro. Los independentistas perdieron el plebiscito que pretendían.

Ahora lo más lógico sería que se repitieran elecciones para buscar, de una vez por todas, un gobierno catalán que se dedique a gobernar y no a malgastar el dinero.

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