Por qué no celebramos el 11 de septiembre

Voy a escribir hoy sobre la Diada de Catalunya, a pesar de que sea día 10 y no 11, porque los que mandan en Catalunya han hecho, de lo que debería ser la fiesta de todos, la fiesta de una minoría. Un acto independentista en el que, a pesar de que ya sea campaña electoral, se convoca una manifestación partidista contraría a la Ley.

El 11 de septiembre nació ya mal desde su inicio. En la Transición se quería dar la vuelta al calcetín de tal modo que se permitieron ciertos excesos. El Gobierno central debe arbitrar e inspeccionar lo que hacen las comunidades autónomas y ya desde el comienzo no se debió permitir que el día de Catalunya fuese el 11 de Septiembre. Primero porque, a mi parecer, una fiesta no debería recordar una batalla, una guerra.

Se conmemora la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas al mando del duque de Berwick durante la Guerra de Sucesión Española el 11 de septiembre de 1714, tras catorce meses de sitio. Esta victoria conllevó la abolición de las instituciones catalanas tras la promulgación de los Decretos de Nueva Planta en 1716.

¿Fue una injusticia que se abolieran las instituciones catalanas? Seguramente sí. Pero, ¿no sería más lógico celebrar, por ejemplo, el día que se reinstauraron, el día del nuevo estatuto, que no el día de una batalla dentro de una guerra civil?

En la guerra de sucesión al trono, combatieron catalanes en un bando y otro, si bien es cierto que los antiguos territorios de la Corona de Aragón apoyaron mayoritariamente a los Austracistas. Sin embargo, tanto la fiesta como el himno de Catalunya solamente tratan de representar a los que perdieron, a los que deseaban otro Rey para España, a los que creían que el Rey legítimo debía ser el Archiduque Carlos.

¿Es lógico que este sea el día de Catalunya? Lo cierto es que no, pero todo esto podría ser anecdótico si no fuese por la politización de este día y la exclusión que se hace a los que no son catalanistas.

Antiguamente, la celebración consistía en una oración fúnebre en la parroquia de Santa María del Mar. En 1886 fue prohibida la que tenía que celebrar el canónigo de la sede de Vich. En 1888, coincidiendo con la inauguración de la Exposición Universal, se construye en Barcelona un monumento a Rafael Casanova que se convertiría en el punto de referencia de los actos reivindicativos. De Casanova hablaremos mañana, pero no puedo por menos que reseñar lo vergonzoso que es que se utilice a un hombre que murió hace casi tres siglos de un modo tan vil. Porque no es que Casanova no fuese independentista ni nada parecido, sino que fue un patriota español que llamó a los catalanes a derramar su sangre por el Rey y por España.

La primera manifestación reivindicativa ante el monumento a Rafael Casanova se produjo en 1901, convocada por Lluís Marsans. Después de ofrendar una corona de flores, se produjeron enfrentamientos con la policía, con el resultado de 30 detenidos. No fue hasta después de la oscura época del franquismo cuando se le comenzó a dar el tono independentista.

Como día de Catalunya oficial que es, muchas entidades han acudido a la ofrenda floral a Casanova. Sin embargo, los espectadores han abucheado, zarandeado e, incluso, en ocasiones agredido a entidades que no les parecen de buenos catalanes, pasando por ahí desde el Partido Popular hasta el equipo de fútbol del Espanyol.

De modo que en Ciudadanos, sin ir más lejos, organizamos nuestra propia celebración. No vamos a acudir donde no nos quieren y menos aún jugándonos nuestra salud y nuestro físico. Obviamente, los independentistas utilizan la ausencia de C’s para decir que no queremos a Catalunya, como si nosotros fuésemos menos catalanes que ellos. Pero no nos van a engañar, no vamos a fingir ser partícipes de una celebración excluyente, donde deben culparnos a nosotros de algo que pasó antes que naciéramos.

La situación del himno catalán viene a ser la misma. Aún recuerdo la primera vez que en el Parlament los miembros de Ciudadanos no cantaron el himno, por más que lo escucharon respetuosamente. ¿Pero de verdad se piensan que yo puedo cantar un himno que me amenaza con afilar las hoces para cuando llegue el día de la venganza?

Porque, claro, ellos no me han preguntado si yo creo que Felipe o Carlos debían ser rey, ni si soy borbónico, ni siquiera si soy monárquico. No siendo independentista, les vale para juzgarme. De hecho, nuestra situación de constitucionalistas ya nos coloca para ellos como en el bando contrario. Si la Constitución admite al rey, ser constitucionalista es ser monárquico creen. Cosa que no es cierta y, como ya he dicho otras veces, la diferencia entre un constitucionalista y un monárquico es clara. Un constitucionalista sabe que el rey es rey porque el pueblo lo ha querido así, mientras que un monárquico cree que el rey es rey por la gracia de Dios.

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