Son autonómicas

En un pequeño resumen de lo que ha sido la última década en Catalunya, recordaremos que el Tripartit con la colaboración del gobierno central de Zapatero realizó un Estatut de discutible constitucionalidad. Después, CiU entró en el Gobierno gracias a la abstención del PSC en la segunda vuelta de la votación de investidura. Comenzaron a haber recortes en Catalunya, críticas a Artur Mas y escándalos en las cuentas de Convergència y su líder histórico Jordi Pujol. De modo que, aprovechando una gran manifestación del 11 de septiembre, pensó que quizá podía ocultar todos sus problemas acercándose al independentismo. En aquel momento fue muy chocante porque, como ya hemos dicho en otros posts, las personas que iniciaron la andadura de CiU en muchos casos eran cercanos al franquismo y, después de la muerte del dictador, se hicieron catalanistas para tratar de seguir en el poder. Como también hemos dicho anteriormente, dentro de la propia Convergència había (y hay) muchas voces discordantes con el proceso independentista y es normal, porque podemos recordar con ejemplos que el histórico líder de ERC, Lluís Companys, firmó la sentencia de muerte del tío del exalcalde de Barcelona Xavier Trias.

Artur Mas, con ese cambio de identidad, decidió adelantar las elecciones para sentirse reforzado en su nueva ruta. Bajó del 38% de los votos al 30%, pero en lugar de dimitir, se reafirmó y comenzó a hablar desde entonces en el nombre mayoritario del pueblo catalán que, según él, le apoyaba.

Después llegó el desafio a la Ley y la Constitución, diciendo que habría un referéndum de independencia ilegal. Sin permisos, lo hizo y fracasó otra vez ya que, a pesar de dejar votar a los menores de edad y a los extranjeros que no podrían votar en unas autonómicas y generales y que los votos los contaban ellos mismos, entre ellos Junqueras, solamente consiguieron el apoyo de 29,8% de la población que, como muestra del descontento catalán, puede ser un referente pero, obviamente, no es motivo para continuar con el proceso.

De modo que Mas volvió a adelantar las elecciones otra vez para que lo ratificaran. En los años anteriores, las encuestas y las elecciones Europeas mostraban que ERC podía superar a CIU y el astuto Mas trató de volver a ganar las elecciones, mostrándolas como un referéndum entre el Sí y el No a la independencia y dando a entender que era él quien llevaría a la independencia y no Esquerra.

Convergència volvía a recuperarse en las encuestas pero el apoyo al independentismo bajaba. Unió se separaba del proyecto y los sondeos ponían a Ciudadanos como la segunda formación en intención de voto a sólo tres puntos de Convergència. De modo que las elecciones podían perderse para Mas y trató de que todos los partidos independentistas se unieran.

ERC, a pesar de la diferencia ideológica, de la corrupción de Jordi Pujol y Artur Mas y del embargo de las sedes de Convergència, decide unirse. Otros partidos minoritarios y algunas asociaciones culturales (de lavado de cerebro en realidad) también lo hacen. La CUP decide no hacerlo y, junto a Unió, dice que no están a favor del proceso de Mas. El President mata dos pájaros de un tiro con Junts pel Sí y, con poner a Raül Romeva de número 1 (a pesar de que el presidente sería Mas de ganar las elecciones), tapa su nombre y el de Convergència, ambos unidos a la corrupción, para no perder las elecciones.

La reacción en los otros partidos en cuanto al modo de afrontar las elecciones ha sido variada. Podemos, junto a ICV y EUIA, más otros partidos minoritarios, deciden formar la coalición Catalunya Sí que es Pot, tratando de repetir el éxito de Colau en Barcelona. Sin embargo, puestos a ocultar, el número 1 de la lista oculta su primer apellido y cambia el llamarse Franco por llamarse Rabell.

PSC y su líder, Miquel Iceta, titubeante cuando el independentismo crecía, ahora que pierde apoyos (tanto el independentismo como el PSC) se separan del proceso y vuelven a hablar del federalismo como modo de ser.

El PP cambia Camacho por Albiol buscando contundencia, aunque cierto es que en el PP la cabeza pensante es Levi y Albiol solamente es un hombre escénico que busca lo que no han tenido los populares últimamente en Catalunya.

Ciudadanos, por su parte, parece (según las encuestas) que sigue como segunda fuerza y como primera a la hora de hacer un cambio en Catalunya. Recordando que como autonómicas que son y ante la más que clara posibilidad de que Junts pel Sí no consiga la mayoría, Inés Arrimadas tendrá que sentarse con todos los partidos que son constitucionalistas para hablar de cómo en Catalunya se debe acabar con el paro, los problemas en sanidad y educación.

Todo se decidirá en las urnas, sabiendo que hay dos opciones. Una, seguir pensando en abrir embajadas, gastarse el dinero en periodismo afín y apoyar equipos de fútbol a cambio de guiños separatistas. Y, dos, dedicar los esfuerzos a hospitales, colegios y necesidades de los catalanes. Hay que tenerlo claro, mientras más gente vote, menos apoyo tendrá Mas y sus secuaces.

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