El Charnego agradecido (Réstate)

La asociación Súmate (independentistas castellano parlantes) se presentó en Bellvitge en septiembre de 2013. Teóricamente, era apartidista pero la inclusión de Eduardo Reyes (número 6) en la lista de Mas Junts pel Sí ha cambiado eso y ahora forman parte de la lista independentista. Su presidente es Eduardo Reyes Pino, nacido en Córdoba en 1951 y llegado a Catalunya cuando apenas tenía ocho años.

En una de sus primeros actos públicos, Reyes llegó a decir que “Catalunya sigue siendo tratada como una colonia”. ¿Qué significa eso de ser tratado como una colonia? ¿Qué quiere decir con eso? Si se refiere a “colonia” como “conjunto de personas procedentes de un territorio que van a otro para establecerse en él”, como dice la Academia de la Lengua Española, Catalunya desde luego no ha sido una colonia, por el mismo motivo que alguien que vino de otro punto de España no es un inmigrante, sino alguien que hizo un cambio de residencia.

Lo curioso de este tema es que Barcelona cada vez se hace más y más grande de chicos jóvenes que dejan sus casas para ir a vivir y estudiar y/o trabajar en la capital catalana, personas que vienen de Tarragona, Lleida, Girona o incluso otros puntos lejanos de la misma provincia de Barcelona. ¿Esos son también emigrantes? ¿Esos son también colonos?

El Estatuto de Catalunya dice que “catalán es toda aquella persona de nacionalidad española que reside en Catalunya o que, residiendo en el extranjero, el último lugar de residencia en España fue Catalunya”. Entonces, ¿qué diferencia hay entre uno de Tortosa o uno de Albacete que van a vivir a Barcelona a la hora de sentirse emigrantes?

Hablar de los que vinieron desde otros puntos de España lleva muchas veces a generalizar demasiado. Primero de todo, porque hay dos grandes flujos de llegada de personas a Catalunya: uno, la de recién acabada la Guerra y otra, la de mediado de los años 60.

Se habla con mucha facilidad de los que llegaron “porque no tenían ni para comer”, cuando muchos, muchísimos de los que acabarían llegando a Catalunya, no es que no comieran en su lugar de nacimiento, sino que buscaban en un lugar más industrializado el no tener que trabajar de sol a sol. Pero cada uno tiene su historia. Hay quienes acabaron en Catalunya por casualidad, por amor o los que fueron reclamados por ser trabajadores especializados, que de estos también los hay.

En Catalunya a veces se tiende a generalizar, se cree que los que hablan catalán son independentistas y que los que hablan castellano no se han adaptado, cuando hay catalanes de muchas generaciones que se sienten tan españoles como alguien de Segovia, Madrid o Toledo. Y hay otros que, habiendo nacido fuera, son independentistas.

Entre estos últimos, hay lo que ya he calificado con anterioridad como “Charnegos agradecidos”, gente que proviene o cuyos padres o abuelos provienen de otra zona de España, mayoritariamente Andalucía, y que tratan de olvidar sus raíces para sentirse tan catalán como los que cuyos padres nacieron en Catalunya. Nunca he entendido eso de que se pueda ser más o menos catalán o más o menos español, porque todos somos iguales y ese debería ser un derecho por el que todos deberíamos luchar.

En el independentismo en sí, hay tres tipos de personas: los que inventan el cuento, los que se creen el cuento y los que viven del cuento. Entre los charnegos agradecidos, también hay varios tipos. Unos que verdaderamente se creen que sus familias se fueron de su lugar de nacimientos porque no tenían qué comer, porque allí estaban atrasados. Hay mucha propaganda independentista que enseña fotos de andaluces con harapos montados en burro, que llegan a la gran Barcelona para comer. Pero lo que no dicen es que en la Catalunya de aquella época, los catalanes iban también con harapos y montados en burro. Que la Torre Agbar, los grandes hoteles, las zonas olímpicas etc. etc. no estaban entonces, sino que lo construimos entre todos los ciudadanos de Catalunya, los que habían nacido aquí y los que no.

Hay otro tipo de charnego agradecido que es el que, estudiando en democracia, tiene más conocimientos y estudios que sus padres y se avergüenza de que estos apenas fuesen al colegio y que escriban con faltas de ortografía y hablen con acento. Como si tener acento fuese hablar mal, que por supuesto no lo es.

Volviendo a Eduardo Reyes, dice sentirse cordobés y catalán pero, que si le hacen elegir, elige ser catalán. Graciosa frase esa de “si le hacen elegir”, cuando él es parte de los que quieren hacer elegir algo tan elegible y romper algo tan irrompible como que ser catalán y español es exactamente lo mismo.

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