Los Otros

Hasta el año 2010, la política catalana era, dentro de las peculiaridades de su idiosincrasia, más o menos normal. Se celebraban elecciones autonómicas cada cuatro años y, salvo en cuestiones puntuales, como en la que el PSC, con el voto de los andaluces, extremeños, etc. llegó a gobernar con ERC (cuyo líder, Oriol Junqueras, cree en la diferencia étnica entre catalanes y demás ciudadanos de España, diferencia étnica que hace superior a los catalanes, por supuesto, porque cuando los independentistas creen que, por el simple hecho de dirigir ellos la región, va a ir mejor que si se depende de España, se quiera o no, eso habla de una creencia étnica superior catalana), todo iba de manera razonable.

Pues bien, en esas elecciones (en las que votó solamente el 59% de la población) ganó Convergència i Unió con el 38,43% de los votos. Artur Mas se erigió President de la Generalitat de Catalunya (gracias a la abstención del PSC) y, cuando miró las arcas, vio que el tripartit había dejado la caja fuerte más vacía que la nevera de un soltero. Fue entonces cuando Arturo, el astuto, fue a Moncloa para ver qué había de lo suyo. Pero, claro, las arcas nacionales de Zapatero no estaban mucho mejor.

Después probó con Rajoy pero las cosas seguían igual y, estando el país en una gran crisis, no era momento para aumentar el dinero que recibían las autonomías, de modo que Mas se tiró el farol de la independencia de Catalunya tras observar que el 11 de septiembre se había celebrado más que nunca y con más reivindicaciones independentistas que nunca.

Artur Mas debió de pensar que Rajoy se asustaría y que acabaría “soltando la mosca”, pero no fue así. Eso hizo que, ante la posibilidad de perder las siguientes elecciones, por el tema económico se inventara unas elecciones (las de 2012) en tono soberanista y que, de ganarlas, que era lo más probable, le haría estar en el cargo seis años (2+4) y no cuatro solamente.

CiU fue la lista más votada, pero pasó de 62 a 50 parlamentarios. Es decir, el cambio de la formación de catalanista a independentista le restó 12 miembros del Parlament pero, a pesar de eso, Mas y los suyos sintieron eso como una victoria.

Cierto es que muchos de los votos que perdieron los convergentes se fueron a Esquerra pero, aún y sumando los diputados de todos los partidos independentistas, la tendencia había bajado de 76 a 74. Pero eso tampoco significaba nada para el President Mas, quien, en lugar de dedicar la legislatura a acabar con el paro, las deficiencias sanitarias, etc., dedicó el empeño en una consulta ilegal independentista y el dinero a abrir embajadas en el extranjero.

Mientras tanto, las colas en los hospitales y las familias de los niños que no tienen dinero para pagar un comedor escolar crecían y, para más inri, el padre político de Artur Mas, el ex molt honorable Jordi Pujol, admitió ser un corrupto, cosa que en Catalunya todos sabíamos, menos los de CiU, claro.

En esas, llegan las elecciones Europeas y, por primera vez, ERC supera a CiU y Mas se asusta y cree que quizá pierda las próximas elecciones. Se da cuenta de que, a lo mejor, para votarle a él como independentista, la gente prefiere votar a los que han sido independentistas desde hace años. Pero, claro, ya no puede volverse atrás y decide ir para adelante creyendo que la forma más fácil de recuperar esos votantes es convertirse en el mesías catalán y, con el apoyo de otros partidos independentistas, entre ellos ERC y asociaciones nacionalistas, convocar la consulta del 9 de noviembre.

Los tribunales no le permiten tal referéndum y al final se acaba haciendo un butifarrendúm, donde pueden votar menores de edad, extranjeros sin papeles y cuenta los votos Oriol Junqueras. Aún y así, el 9 de noviembre es un fracaso en el que se consiguen 1.861.753 votos, cuando en las autonómicas los partidos independentistas habían tenido 1.781.460, es decir, el independentismo tiene techo y no es suficiente.

En las municipales se ve el estancamiento, incluso el retroceso del independentismo. CiU vuelve a ser la fuerza más votada, pero muy lejos de las mayorías, de hecho, el partido que más crece es Ciudadanos que, incluso en las encuestas para las autonómicas, se sitúa por delante de ERC. Y, acechando a CiU, a más a más, Unió anuncia que no va a concurrir a las elecciones con Convergència y Mas cree que no le salen las cuentas. De modo que se reúne con Junqueras y deciden ir juntos a las elecciones con la excusa de mostrar una Catalunya unida con el independentismo, pero ¿qué Catalunya unida es esa en la que PP, PSC, C’s, Unió, Iniciativa y Podemos, incluso la CUP, no apoyan esa lista?

Mas sabe que no va a obtener mayoría a la mínima que la gente vaya a votar, de hecho, yo diría que incluso lo prefiere. Lo importante para él es simplemente ser la fuerza más votada, que eso lo tiene seguro, aunque sorprendentemente haya gente no independentista que crea que se puede ganar en votos a Junts pel Sí. Eso es imposible. Se han juntado las dos fuerzas más votadas en los anteriores comicios. Lo que ocurre es que en el planteamiento que han hecho Mas y Junqueras de las autonómicas, ganar no es ser la fuerza más votada, sino tener más votos que los otros juntos. Todo lo demás será perder y entonces habrán ganado los otros.

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