Lo que el viento se llevó (5ª parte): Companys, el ejecutor

En febrero de 1936, la coalición Frente Popular de Izquierdas ganó las elecciones, Azaña formó el nuevo gobierno de la República y Companys fue liberado. Hubo grandes dudas sobre lo legítimo de esa victoria, pues, al parecer, al realizarse el escrutinio general de las elecciones se utilizó en diversas provincias el procedimiento delictivo de la falsificación de actas. En realidad, el propio Azaña reconoció que los escrutinios fueron realizados en muchos lugares en condiciones de coacción de las masas izquierdistas.

La medida más urgente que hubo de tomar el nuevo gobierno fue la amnistía de los condenados por los sucesos de octubre de 1934, “legalizando”, así, el asalto a varias cárceles. Otra de las medidas urgentes era reponer en sus puestos a los alcaldes y concejales elegidos en 1931. Los gobiernos del Frente Popular también tuvieron que hacer frente a un aumento de la violencia política y el crecimiento de las organizaciones juveniles paramilitares, tanto entre la derecha (milicias falangistas, requetés carlistas) como entre la izquierda (milicias de las juventudes socialistas, comunistas y anarquistas), y los nacionalistas vascos y catalanes (milicias de Esquerra Republicana de Catalunya y milicias del PNV).

Cada vez había más criticas al gobierno del Frente Popular, presidido por Santiago Casares Quiroga, incapaz de mantener el orden público. Hubo varios asesinatos, tanto de izquierda como de derecha, hasta que asesinaron en la madrugada del día 13 de julio a José Calvo Sotelo, líder de los monárquicos “alfonsinos”. Desde el mes de febrero a julio, hubo 262 muertos. En Catalunya, cayeron los primeros hombres de derechas asesinados, los hermanos Miquel y Josep Badía; se empezaron a quemar iglesias y las amenazas se volvieron realidad por todas partes.

El levantamiento militar del 18 de julio hizo despertar en Catalunya una revolución anarquista que ocasionó miles de muertos. El fracaso en Barcelona de la insurrección llevó a los miembros de las izquierdas a organizarse. Companys cedió el poder a los anarquistas y Catalunya se convirtió, de algún modo, en una dictadura comunista donde se perseguía a todo el que no era adepto a la extrema izquierda y al nacionalismo catalán. Lluís Companys, en julio de 1936, hizo fusilar 199 militares (entre ellos, al tío del ex-alcalde de Barcelona Xavier Trias) de graduación de general a teniente, de los que se sublevaron en Barcelona el 19 de julio. Companys que, en su día fue indultado cuando proclamó el Estado Catalán, no tuvo piedad. Entre las primeras firmas que pidieron su indulto en 1934, figuraba la del obispo de Barcelona, Monseñor Manuel Irurita. en diciembre de 1936, el religioso fue asesinado en el cementerio de Montcada por las milicias armadas que Companys había legalizado.

Fernando Lizcano, jefe de los Mossos, no se posicionó con la República y fue detenido. El 26 de agosto de 1936 tuvieron lugar en el Castillo de Montjuïc los fusilamientos del Capitán del Arma de Artillería, José López Amor Jiménez, los Capitanes del Arma de Infantería, Enrique López Belda y el propio Fernando Lizcano de la Rosa; en el mismo lugar de las ejecuciones de sesenta y tres religiosos, ejecuciones que se hicieron con orden firmada de Companys.

También firmó la ejecución de 43 periodistas que criticaban la violencia de los anarquistas y la vista gorda del President. En Catalunya, el gobierno catalán persiguió a monárquicos y religiosos. Más tarde, a contrarios políticos (muchos catalanistas de derechas tuvieron que huir a Francia, entre ellos, el líder de la Lliga Regionalista, Francesc Cambó). Al final, a manos de las juventudes de ERC, se acabó fusilando a los que hablaban castellano y a los que tenían apellidos de origen castellano. No se dejaba entrar a personas de otras regiones, sobretodo Andalucía y Murcia, que huían de sus tierras a causa de la guerra. Y se construyeron campos de concentración, como el de Omells en Urgell. Al final y según los datos desclasificados ya en democracia, Companys mandó asesinar a 8.532 personas en Catalunya. Para hacernos una idea, Companys mató por política en tierras catalanas en tres años, más de el doble de personas que Franco en todo su gobierno.

Lo que ocurrió después todos lo sabemos. Companys huyó a Francia, donde la Gestapo nazi lo arrestó y lo repatriaron. Tras un más que dudoso juicio, fue condenado a muerte y fusilado, convirtiéndose de ese modo en un mártir para el independentismo catalán. A día de hoy, Companys, causante de la muerte de 8.532 catalanes, tiene calles y plazas con su nombre en toda Catalunya y, para más inri, el estadio olímpico (cercano al lugar donde murió) lleva su nombre.

El actual nacionalismo catalán ha hecho de él un héroe que dio su vida por Catalunya y que fue fusilado por Franco por ser el presidente de Catalunya, pero lo cierto es que Companys no fue más que un trepa que cambió de ideología y de partido hasta que consiguió vivir del cuento, que nunca fue votado por el pueblo como President de Catalunya, que gritó viva España y, años después, proclamó la República Catalana. Un hombre que traicionó a Macià, que traicionó a la República y que, más tarde, traicionaría también a Catalunya.

La finalidad de este escrito es que los jóvenes que han sido adoctrinados o han sido tratados de adoctrinar sepan lo que ocurrió, siendo un inicio para que investiguen la verdad sobre el independentismo catalán y la verdad de personajes como el impulsivo y trepa Companys y del “somiatruites” de Macià.

Que los que jamás se han interesado por la historia sepan que en la Guerra Civil no se disputaba si viviríamos en democracia o en una dictadura, sino que, ganara quién ganara, iba a haber un régimen dictatorial, ya fuera de izquierdas o de derechas. Es bueno mirar atrás, pero es mejor soñar con el futuro que vivir en el pasado. Por desgracia, los fanatismos nacionalistas han vuelto y debemos aprender de la historia, y pensar en lo que nos une y no en lo que nos separa.

Para finalizar, voy a volver a ese asalto al ayuntamiento, a esa proclamación de la República Catalana, para contarles algo que dejará a las claras que, detrás de este nacionalismo, solamente hay una bandera para tapar los problemas. En ese asalto, solamente había una decena de personas que, para el santoral independentista deberían estar en lo más alto: los hombres que declararon el Estado Catalá, el punto más álgido y más añorado del nacionalismo catalán. Pues bien, entre esos hombres estaban:

Josep María Trabal que acabó siendo confidente de Franco y en 1977 candidato de Alianza Popular.

Joan Casanellas que después de la muerte de Franco fue diputado del PSC.

Joan Casanovas que huyó de Catalunya y evitó ser fusilado por el gobierno de Companys,

Ventura Gassol que también huyó, perseguido por los anarquistas que colaboraban con Companys,

Josep Tarradellas que volvió del exilio como presidente de la Generalitat, instando a los ciudadanos de Catalunya a renunciar al separatismo y a luchar por ser el motor de una España democrática y moderna.

“El nacionalismo es la virtud de los depravados” (Oscar Wilde)

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