Lo que el viento se llevó (4ª parte): Companys en prisión por golpista

La República Catalana fue un golpe de estado improvisado. Al igual que sucedió en el resto del país, la prudencia de Alfonso XIII marchándose al exilio, a pesar de que los monárquicos habían ganado las elecciones,y evitó una guerra civil. En Catalunya, que es lo que nos ocupa, los hombres de Macià ocuparon Correos, Telégrafos y Telefónica. Declararon a Companys gobernador civil y colocaron la senyera en la gobernación. Ignacio Despujol, capitán general de Catalunya, les amenazó con entrar en el palacio con 5.500 hombres. Sin embargo, permaneció acuartelado y el capitán López-Ochoa fue quien acudió y se puso a las órdenes de Macià.

El mismo 14 de abril por la noche, Alfonso XIII abandonó el país y Despujol permitió la bandera republicana en Capitanía. En la teoría, Despujol continuaba al frente pero el jefe allí era López-Ochoa, es decir, Macià tenía a los soldados de Barcelona a sus órdenes. Incluso, el ejército leería (en catalán) un bando reconociendo la República Catalana. Se escribió un nuevo himno nacional, “El cant del poble”, un himno alegre que sustituía al tenebroso y beligerante himno de “Els segadors”.

Es entonces cuando Macià creyó que estaba todo controlado y decidió hablar con el ya presidente provisional de la República, Alcalá-Zamora el cual, a pesar de aceptar negociar con Macià, le exigió que no hablase cómo presidente de la República Catalana, porque dicha república no existía. Tres días después, tres ministros del Gobierno provisional (los catalanes Marcelino Domingo y Lluis Nicolau d’Olwer, más Fernando de los Ríos) llegaban a Barcelona para negociar con Macià, alcanzando un acuerdo por el que Macià renunciaba a la República Catalana a cambio del compromiso del Gobierno provisional de que presentaría, en las futuras Cortes Constituyentes, un estatuto de autonomía para Catalunya.

Antes de llegar a ese acuerdo, Macià sondeó la posibilidad de declararse independiente de España. Primero preguntó a López-Ochoa si podía contar con sus soldados, pero el nuevo jefe militar de Catalunya no veía claro que los soldados fuesen a luchar contra España, por más que se les ordenara. Es entonces cuando conoció la noticia de que había un alzamiento similar en el País Vasco y que se estaba movilizando al ejército español hacia las tierras de Euskadi. Barajó la posibilidad de armar al pueblo catalán pero, rápidamente, sus consejeros le quitaron la idea de la cabeza. Es entonces cuando Macià cedió y acabó con la República Catalana.

El ministro d’Olwer habló de la posibilidad de que el nuevo gobierno autonómico catalán recibiese el nombre de Generalitat. El gobierno catalán aceptó, a pesar de que ese nombre le pareciese una reliquia. La nueva Generalitat de Catalunya asumiría las funciones de las diputaciones provinciales y sería la encargada de organizar una asamblea con representantes de los ayuntamientos hasta que no fuera elegida por sufragio universal. Esta asamblea se constituyó mediante elecciones indirectas, realizadas el 24 de mayo entre todos los concejales catalanes, y tenía dos objetivos principales: presentar la ponencia del estatuto de autonomía y organizar el plebiscito para su aprobación.

Dos meses después, hubo elecciones generales en España. ERC sacó unos excelentes resultados, siendo la cuarta fuerza más votada y obteniendo 24 escaños. Entre ellos, el de Macià, Companys, el de un joven Josep Tarradellas y el de Ramón Franco (hermano del general Francisco Franco). Solamente cinco meses llevaba Companys como diputado cuando se vio salpicado por corrupción, el escándalo Bloch, un polémico asunto relacionado con los contactos que el financiero francés M. Bloch (condenado por estafa) había tenido con varios parlamentarios de ERC. Companys presentó a Macià su dimisión pero no fue aceptada ni por la ejecutiva del partido ni por Macià.

En 1932, tuvieron lugar elecciones a la Generalitat y se confirmó a Macià como Presidente de Catalunya, cargo que ocupó hasta su muerte en diciembre de 1933. Antes de que eso ocurriera, el trepa Companys, que amontonaba cargos dentro y fuera de Catalunya, fue ministro de la marina del gobierno español de Azaña. Coincidiendo con la enfermedad (apendicitis) de Macià, volvió a Catalunya y ocupó la Presidencia tras la muerte “del abuelo”. Companys quien había cambiado de ideología, partidos y amistades. Buscando el poder, ya lo tenía. Companys, que se hubiera conformado con ser alcalde, ahora era President de la Generalitat. Sin embargo, sus delirios de grandeza no acabaron ahí, pues comenzó a tener enfrentamientos con el gobierno de la República, mostrándose más catalanista de lo que nunca lo había sido Macià.

Poco después, se producía una reorganización del gobierno catalán. Josep Dencàs se hacía cargo de la Gobernación, sustituyendo a Joan Selves i Carner, que había muerto inesperadamente. Dencàs pertenecía al ala independentista de Esquerra. Tras su nombramiento, Dencàs nombró a Miquel Badia, amigo y colaborador en las Juventudes de Esquerra, como responsable de Orden Público. El tándem Dencàs-Badia adoptó métodos expeditivos contra las organizaciones sindicales, lo que sería muy criticado. No se entendió cuál fue la razón por la cual el presidente Companys encargó la cartera de Gobernación a alguien tan alejado ideológicamente, a quien incluso desde dentro del gobierno catalán se había calificado de fascista.

Probablemente, Companys solamente quería los votos de los independentistas para perpetuarse en el sillón de la Generalitat. Pero todo se salió de madre, pues Dencàs amenazaría varias veces con dimitir, al no haber recibido el visto bueno del gobierno catalán para desencadenar la intentona independentista, el cual tampoco había autorizado la compra de armas en Europa para preparar la rebelión.

El conflicto entre los gobiernos central y autónomo siguió durante el verano. El gobierno de la República anularía leyes de la Generalitat que excedían sus limitaciones. Tras la entrada en el gobierno de la República de tres ministros de la CEDA y desatarse la huelga revolucionaria, convocada por los socialistas en octubre, en diversos puntos del país, el 6 de octubre de 1934 Companys, tras acusar al nuevo gobierno español de “monarquizante” y “fascista”, proclamó el Estado Catalán.

Es decir, el mismo Companys, que había ayudado en el golpe para instaurar la República, ahora hacía uno contra ella, supuestamente, buscando una república federal, pero rodeado de independentistas. Parecía que el último escalón del trepa Companys consistía en presidir un país y, por si acaso, abría la posibilidad de serlo tanto de la Catalunya independiente, como de la España federal.

El golpe de Estado duró 24 horas, hasta que Companys se rindió al General Batet. Cuatro disparos y un militar y un par de nacionalistas muertos en el local del CADCI (Jaume Compte y González Alba) fue el resultado de aquella alocada aventura de Companys. Los desesperados intentos que había hecho por radio para que los catalanes acudieran a apoyarlo fracasaron. Se quedó solo, pues ni sus compañeros anarquistas acudieron a salvarlo, y fue detenido y condenado a treinta años de prisión. La aventura acabó cómicamente cuando Dencàs y otros miembros de Estat Català y ERC huyeron por el alcantarillado de la Generalitat.

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