Lo que el viento se llevó (3ª parte): Companys contra Macià

En septiembre de 1923, el General Miguel Primo de Rivera, capitán general de Catalunya, dio un golpe de estado con el apoyo del ejército y la aprobación del rey Alfonso XIII. La dictadura duró más de seis años. Companys seguía potenciando la Unió de Rabassaires a cambio de que el sindicato prestase su apoyo a la Alianza Republicana, la coordinación de fuerzas de oposición a la dictadura y a la monarquía de Alfonso XIII. Creada en 1926, tenía al líder radical Alejandro Lerroux como figura destacada. Companys fue uno de los dirigentes republicanos que participaron en el homenaje que recibió Lerroux en Barcelona en junio de 1926.

En 1929, Companys participó desde Barcelona en la fallida intentona insurreccional, promovida por Sánchez Guerra, por lo que fue detenido y condenado a tres meses en prisión. En diciembre, fue uno de los firmantes del manifiesto que publicó el PRC en pro del entendimiento entre las fuerzas republicanas catalanas y su coordinación con los republicanos del resto de España. La firma del Manifiesto de Inteligencia Republicana no fructificó en un frente o coalición electoral. Por ello, en octubre de 1930, Companys y otros miembros de su partido hicieron un llamamiento en L’Opinió para la convocatoria de una Conferencia de Izquierdas Catalanas.

Mientras eso ocurría, el que había sido teniente coronel del Ejército de Tierra y gran defensor de la monarquía, Francesc Macíà, que tuvo que salir de la institución militar después de condenar el ataque de algunos oficiales al semanario La Veu de Catalunya en 1905, convirtiéndose a lo que él mismo llamaba “separatismo”. Se presentó a diputado en las elecciones de 1907, representando a Barcelona y obteniendo escaño con un gran éxito para su formación política (44 de 47 diputados de Cataluña). Volvería a ser elegido en 1914, 1916, 1918, 1919, 1920 y 1923.

En septiembre de 1923, con el golpe de estado de Primo de Rivera, se refugió en Perpiñán. Es en esta época cuando, desde el Estat Català, desarrolló su carácter insurreccional, manteniendo contacto con anarquistas y comunistas, consiguiendo la ayuda económica de las comunidades de catalanes residentes en Sudamérica y dando apoyo a casi todos los intentos insurreccionales en España. Después de un fracasado viaje a Rusia para pedir ayuda a las autoridades comunistas, decidió contar exclusivamente con sus fuerzas y organizar directamente una incursión armada en Catalunya.

La idea de conquistar Catalunya desde el  exterior era una autentica locura, por más que Macià pudiese instruir militarmente a su ejército (por llamarle de algún modo a los “Boy Scouts” que le acompañaban). Su plan para “liberar” Catalunya, en el cual se esperaba que los jóvenes de las ciudades conquistadas fuesen uniéndose a la lucha separatista, era más propia de un soñador que de un militar. El resultado fue ridículo, al ser el intento abortado por la Gendarmería francesa antes de ni siquiera salir de Prats de Mollo, donde estaban recluidos.

A pesar de que fue un acto ingenuo, aquella intentona le haría ganar mucha popularidad en Catalunya a Macià, quien fue detenido y desterrado a Bélgica. Tras residir unos cuantos meses en Bruselas, entró clandestinamente a Argentina, donde residió más de medio año. Regresó a España en 1931, tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera.

Macià asistió también a la conferencia que se celebró en Barcelona entre el 17 y el 19 de marzo de 1931, en la cual participaron el Estat Català y el Partit Republicà Català, el grupo de intelectuales, formado entorno a L’Opinió, al que pertenecía Companys, presidente de la comisión organizadora de la conferencia, aunque no pudo asistir al haber una orden de detención en contra suya.

De dicha conferencia nació un nuevo partido, en el que se integraron las personas y organizaciones existentes: Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), un partido interclasista que incluía en su seno desde campesinos a sectores del proletariado industrial, pasando por la pequeña burguesía. La posición política de Companys fue uno de los factores de este amplio espectro social.  Políticamente, ERC incluía tendencias separatistas de Macià y  el republicanismo federal de Companys.

Diez días antes de las municipales de 1931, ERC logró, no sin dificultad, realizar una lista para las municipales barcelonesas. Esquerra quería aprovechar el tirón de Macià, por más que tuviera fama de soñador era visto como un patriota y un hombre de honor. Aún y así, se esperaba que las elecciones fueran un duelo entre Acció Catalana y Lliga Regionalista. ERC se conformaba con 5 regidores pero, sorprendentemente, obtuvo 25 por 12 de la Lliga Regionalista. Pronto llegó la noticia de que los diversos partidos republicanos habían ganado en 41 capitales de provincia, a pesar de que los partidos monárquicos ganasen en el conjunto del Estado.

El éxito en las capitales hizo que los miembros de ERC en Barcelona se reunieran para tratar lo que debían hacer. Hubo tensas discusiones. Algunos pidieron que se declarara la independencia de Catalunya; otros, la República Catalana dentro de una Federación Ibérica; también había los que preferían una República Española; y, finalmente, los más cautos, quienes pedían que se esperasen a las noticias del resto del país, sobretodo de Madrid. Macià llamó a Niceto Alcala-Zamora preguntando cómo estaban las cosas en Madrid y éste contestó que el Rey abdicaría, pero que aún debían esperar.

El 14 de Abril Lluis Companys, queriendo obtener más protagonismo del que debía, acudió junto con otros miembros de su partido al ayuntamiento sin consultarlo con Macià. Entró por la fuerza y llegó al despacho del alcalde, el cual no estaba allí. Aún sin constituir el nuevo ayuntamiento, se nombró alcalde. A pesar de no estar ni entre los diez candidatos más votados, Companys salió al balcón, izó la bandera tricolor y proclamó la República.

En cuanto le comunicaron a Macià lo que había hecho Companys, éste fue hacía el ayuntamiento, se cruzó con él, quien trató de darle un abrazo que Macià rechazó, y fue hacía el balcón donde añadió que lo que se proclamaba era la República Catalana. Cuando volvió dentro del consistorio, insultó y estuvo apunto de llegar a las manos con Companys. Uno defendía la República de toda España y el otro la de Catalunya sin España.

Macià no aceptó a Companys como alcalde de Barcelona y, finalmente, Jaume Aiguadé i Miró dirigió el consistorio. Macià se autoproclamó Presidente del Gobierno de la República Catalana “en nombre del pueblo”, por más que lo que se había celebrado eran municipales y que él sólo se presentase por Barcelona y no por toda Catalunya- Solamente le votó el 31% de los barceloneses. Macià daba un golpe de Estado en Catalunya y anunciaba que negociaría la Federación Ibérica con el Presidente de la República Española.

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