Lo que el viento se llevó (1ª parte): Companys, un traidor a la República

“Lo que el viento se llevó” es la historia de Lluís Companys, presidente de la Generalitat, político veleta y golpista que firmó muchísimas sentencias de muerte. Ahora que en Catalunya se quieren quitar los nombres de calles y plazas, es buen momento para recordar la vida de este tenebroso personaje de la política española. Un criminal cuya verdadera historia ha querido ser olvidada por el nacionalismo catalán.

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 arrojaron unos resultados de 22.150 concejales monárquicos  y apenas 5.875 para las diferentes iniciativas republicanas, quedando 52.000 sin determinar. Pese al mayor número de concejales monárquicos, las elecciones suponían a la Corona una amplia derrota en los núcleos urbanos: la corriente republicana había triunfado en 41 capitales de provincia. Si las elecciones se habían convocado como una prueba para el apoyo a la monarquía, los partidarios de la República lo consideraron como un plebiscito a favor de su instauración.

La mañana del 14 de abril, el general Sanjurjo se dirigió a la casa de Miguel Maura, donde se encontraban reunidos los miembros del comité revolucionario. El general Sanjurjo se cuadró ante Maura y se puso a las órdenes del ministro. Alcalá-Zamora exigió que el Rey saliese del país y adviertió que, si antes del anochecer no se había proclamado la República, la violencia del pueblo podría provocar la catástrofe. Alfonso XIII abandonó el país y se trasladó a París. Es decir, unos políticos respaldados por militares, tras perder unas elecciones, obligaron al Rey a marcharse. Alfonso XIII, abandonando el país sin oponerse, evitó una Guerra Civil y consiguió que los libros de historia no dijeran que la República se había instaurado con un golpe de estado militar.

Tras la proclamación de la II República, tomó el poder un gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora. Se convocaron elecciones y se estableció que las Cortes estarían compuestas por una sola Cámara elegida por sufragio universal exclusivamente masculino (la izquierda más extremista consideraba que las mujeres votarían bajo la influencia de la Iglesia). La primera vuelta de las elecciones de 1931 se celebró el 28 de junio. La segunda vuelta se prolongó entre el 19 de julio y el 8 de noviembre. Las elecciones dieron un triunfo rotundo a la Conjunción Republicano-Socialista y, como resultado, la mayoría de las izquierdas en el Parlamento.

En 1933, el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, decidió resolver la crisis planteada por la disolución de la coalición republicano-socialista que había sustentado al gobierno de Manuel Azaña con la disolución de las Cortes, elegidas en 1931, después de las fuertes tensiones que se habían vivido como consecuencia de la política reformista emprendida por el gobierno social-azañista. El resultado de las elecciones de noviembre de 1933, en las que votaron por primera vez las mujeres, fue la derrota de los republicanos de izquierda y de los socialistas y el triunfo de la derecha y del centro. Los radicales formaron un gobierno minoritario, liderado por Alejandro Lerroux, y apoyado en las Cortes por la CEDA.

En octubre de 1934, la CEDA retiró su confianza al gobierno de Lerroux y exigió participación. El presidente de la República decidió indicar a Lerroux que se incluyeran tres ministros de la CEDA en el Gabinete. Este nombramiento no fue aceptado por los partidos de izquierda, especialmente por el PSOE, quienes esperaban una convocatoria anticipada de elecciones. El PSOE, abandonando la vía parlamentaria para alcanzar el socialismo, optó por la insurrección. Para muchos socialistas, la lucha legal, el reformismo y la República parlamentaria ya no servían, convirtiéndose la revolución social en su único objetivo. Es decir, el objetivo del PSOE no era una democracia republicana, sino un régimen socialista.

La huelga general decía estar destinada a proteger a las masas trabajadoras y a corregir el rumbo de la República burguesa. Sin embargo, al abandonar la vía parlamentaria, los socialistas demostraron rechazar la democracia cuando no eran ellos lo que ganaban las elecciones. Los principales focos de la rebelión se produjeron en Catalunya y Asturias, región en la que tuvieron lugar los sucesos más graves. Los mineros disponían de armas y dinamita y la revolución estaba organizada. Se proclamó en Oviedo la República Socialista y se atacó a los puestos de la Guardia Civil, las iglesias, los ayuntamientos, etc., estando a los tres días casi toda Asturias en manos de los mineros, incluidas las fábricas de armas. Desde el Gobierno, consideraban que la revuelta era una guerra civil en toda regla, aún desconociendo que los mineros empezaban a considerar en Mieres la posibilidad de una marcha sobre Madrid.

A pesar de que la CNT no apoyó la huelga, Barcelona quedó paralizada. El Conseller de Gobernación Dencàs, por su cuenta, ordenó detener algunos anarquistas, lo que indignó a grandes sectores de la población. El problema era que las fuerzas de orden público con que podía contar la Generalidad se limitaban a unos centenares de Mossos d’Escuadra y algunos guardias de asalto. El 6 de octubre, la Alianza Obrera organizó una manifestación que se dirigió hacia la Plaza de Sant Jaume reclamando la “República Catalana” pero se disolvió pacíficamente. Al parecer, el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, trató de hablar por teléfono con el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, aunque no logró hablar personalmente con él. Esa mañana, Companys había conocido el anuncio del Gobierno de Lerroux de declarar el estado de guerra en toda España. A las ocho y diez minutos de la tarde del 6 de octubre, Lluís Companys apareció en el balcón de la Generalitat, acompañado de sus consejeros, y proclamó “l’Estat Català de la República Federal Espanyola”.

Resumiendo lo ocurrido, entre 1931 y 1934 se forzó la llegada de la República, aunque no lo votase así el pueblo. El Rey abandonó el país para evitar una guerra civil y se intentó dar paso a una democracia que no fue aceptada por el PSOE y otros partidos de izquierdas cuando la derecha ganó las elecciones. Se celebró una huelga general que acabó en un intento de acabar con la República y formar un estado federal socialista y, aprovechando todo el revuelo, el President de Catalunya Lluís Companys se puso de lado de los golpistas y trató de declarar el estado catalán.

Continuará…

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4 comentarios en “Lo que el viento se llevó (1ª parte): Companys, un traidor a la República”

      1. como comprenderás no voy a buscar y a escribir linea por linea las fuentes de todo. el 90% está en cualquier libro sobre república y guerra civil. Depende el autor unos datos se dan como más importantes y otros como menos. Aún y así, si hay algún tema en concreto que te resulte más llamativo o inverosímil, te buscaré la fuente sin problemas.

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