Ni sí, ni no, ni todo lo contrario

El Partido Socialista sigue aún hecho un lío en Catalunya. Y seguira así, hasta que no tome la medida (que nunca tomará) de separar PSC del PSOE. Pedro Sánchez, bandera española en mano, trata de que los socialistas pierdan el complejo de lucir la bandera de todos y, verdaderamente, eso es algo que hay que alabarle. La Rojigualda ha sido la enseña del país desde 1785, incluso en la Primera República, y es totalmente absurdo asociarla con el franquismo. De hecho, asociarla es favorecer a la dictadura ya que, de este modo, se le reconocería como verdadero sentimiento español, cuando los ciudadanos que querían en su momento la República se sentían tan españoles como los demás.

Sin embargo, en Catalunya el PSC se muestra antiespañol, como si España solamente perteneciera a la clase alta o a la derecha. Lo curioso es que la historia del PSC comienza cuando el PSOE trata de expandirse en le siglo XIX, no obteniendo gran éxito en Catalunya y decidiendo acercarse al sentimiento regionalista para ganarse a los campesinos. De ese modo, nació el PSC el cual fue una de las ramas más activas del socialismo contra Franco.

La paradoja del socialismo catalán es que no obtuvo gran éxito hasta que los que llegaron a Catalunya desde otros puntos de España lo catapultaron hasta ser el partido más votado. Esa es la rareza socialista de Catalunya pues, mientras las élites del partido son muy cercanas al catalanismo y a menudo al independentismo, la base del partido es de origen no catalán y defiende el constitucionalismo democrático.

Cuando el PSC llegó al gobierno en Catalunya, pactó con ERC, lo cual fue visto como una traición para muchos de sus votantes. De hecho, como ya hemos escrito otras veces, para contrarrestar esa unión, nació Ciudadanos. El PSC no es más que un ejemplo más de cómo la llegada de personas de otros punto del país catapultó a los catalanes. Las élites de la mayoría de los partidos de Catalunya están dirigidas por personas cercanas al catalanismo que no son más que la antigua burguesía catalana próxima al franquismo y que, con la llegada de la democracia, fueron colocándose en los partidos políticos para seguir en el poder.

Obviamente, durante años ha habido una élite intelectual catalana donde no había lugar para los venidos de otros puntos de España. De hecho, andaluces, extremeños, gallegos, etc… era los que hacían horas en sus trabajos para que los hijos de los catalanes pudieran estudiar. Eso hacía que las élites de los partidos se llenaran de catalanismo.

Sin embargo, la unión de ERC con PSC no es tan extraña cómo nos parece pues, de hecho, Esquerra tampoco era un partido independentista en sus primeros orígenes, aunque pronto derivó a ello, de la misma manera que también lo hizo PSC, llegando a esa postura tras asociar lo burgués a lo español.

Ahora Pedro Sánchez se encuentra en este embrollo que no sabe solucionar. Para que el PSC en Catalunya siga sus pasos, debería reformar el partido entero pero, sin embargo, para tener el apoyo de sus colegas del PSC, no puede mostrarse hostil al catalanismo. Por eso los socialistas propondrán que en el nuevo texto constitucional se recoja “el hecho diferencial” de Catalunya, su “singularidad” y su “personalidad”, en razón de su historia y del deseo de los catalanes (según el PSOE) de tener un perfil identitario propio. No parten de cero porque la Declaración de Granada de julio de 2013 les sirve de base teórica para alumbrar un texto que ofrezca una salida al desafío secesionista en Cataluña, sin que se produzcan resquemores en el resto de España.

El PSOE sigue creyendo que, dando más cosas a la autonomía catalana, desaparecerá el sentimiento independentista, no sabiendo que lo único que quiere el independentismo es el poder que la burguesía siempre tuvo en Catalunya y que, para no perderlo, no ha dudado en el pasado en apoyar a las dictaduras de Primo de Rivera y Franco para ahora hacerlo con la dictadura de Pujol y Mas.

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Un comentario sobre “Ni sí, ni no, ni todo lo contrario”

  1. El enorme problema que tenemos en España, es que en lugar de mirar por el bien general, miramos ( o miran) por el bien partidista cuando no personal. Tenemos un País inacabado, falto dato políticos serios que sepan ver mas allá de su nariz o su cartera. No podemos estar toda la vida construyendo una Nación. Alguien tiene que poner las cosas en condiciones y delimitar las competencias autonómicas. La ciudadanía se empieza a cansar de tanto desafío inutil y despilfarrador.

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