Más Grecia que Escocia

Por más que intenten vender que el ejemplo de lo que debería ser el proceso soberanista de Catalunya es lo que sucedió en Escocia, la verdad es que el pseudoreferendum de Artur Mas es más parecido a la obra teatral que hizo Tsipras en Grecia, es decir, a pedir al pueblo que vote en una direción para, supuestamente, dar una señal de fuerza que no será tal. De hecho, incluso el aún presidente ha llegado a decir que una amplia mayoría del Junts pel Sí haría más fácil que la Unión Europea aceptara la independencia de Catalunya.

¿De dónde saca eso Mas? Más allá de que independencia legalmente no puede haber, los plazos para ingresar son los que son y los países que ya están dentro de ella tienen derecho a veto, es decir, solamente con que un país se opusiera a la entrada de un nuevo estado a la Unión, éste no podría entrar nunca.

Tsipras hizo votar a los griegos un No a la negociación con la UE y al final no pudo cumplir lo que dijo. Las normas son las normas y las leyes son las leyes y que Mas y los suyos quieran la independencia es lícitio, pero eso solamente se puede conseguir en el Congreso de los Diputados y no en un parlamento regional. Catalunya no puede independizarse de España por el mismo motivo que Murcia no puede salirse de la OTAN, la Rioja de la Unión Europea o Galicia no puede declararle la guerra a los Estados Unidos. No tienen competencias para ello, es así de simple.

Como Tsipras, el President de la Generalitat está engañando a su pueblo, convocó las elecciones catalanas del 27 de septiembre con una llamada a convertir los comicios en un plebiscito sobre el futuro de Cataluña. Sólo las fuerzas políticas independentistas admiten este carácter de “plebiscito”, una palabra que no consta en el Decreto de Convocatoria para evitar su impugnación por parte del gobierno central. El objetivo de Convergència y ERC es que la lista Junts pel Sí consiga una mayoría absoluta de escaños, con lo que se consideraría legitimada para avanzar hacia la independencia. No obstante, no aclara ni el porcentaje de votos necesario ni los pasos concretos a seguir tras las elecciones.

Lo mejor de toda esta charlotada es que las reglas se cambian o se transforman según interese. El coordinador general de Convergència, Josep Rull, decía en EL PAÍS que lo ideal para sentirse respaldados para iniciar el proceso era que los votos de Junts pel Sí y CUP sumasen mayoría, pero que no era imprescindible. Es decir, metían en su saco los votos que son de otro partido.

Pese a ello, el diputado de la CUP, David Fernández, defiende que es necesaria una mayoría en votos y escaños e, incluso, ha cifrado el umbral a partir del cual se podría declarar la independencia: un 55% de los votos. La  ley d’Hondt por la que se adjudican los escaños hace factibles las mayorías absolutas en escaños sin que haya un 51% de los votos. Esto se acentúa por la discriminación positiva de las provincias menos pobladas a la hora de la adjudicación de escaños.

De modo que Mas no tiene hechas aún las leyes, pero sí las trampas. Como Tsipras, Catalunya empieza a parecerse a Grecia con todo lo que eso conlleva.

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