La Transición, ¿hay que valorarla o desprestigiarla?

No hace muchas fechas, una persona que había luchado en la Transición para que se restablecieran las libertades en España me decía que, para los que hemos nacido en democracia, era muy fácil decir que no hay que vivir pensando en el pasado, que lo sucedido en la República, Guerra Civil y Dictadura de Franco debía quedar atrás y vivir el presente.

Entendí lo que quería decirme y en parte creo que tiene razón. El problema es que los que en estos días tratan de hacernos volver a aquellos tiempos lo tienen mucho más fácil todavía ya que no son los que lo vivieron, sino personas que también han nacido en democracia y que añoran un tiempo que en realidad no vivieron y que han idealizado como mejor les ha gustado o les ha convenido. Les será muy emocionante ver los vídeos de cómo la gente que luchaba por su libertad era perseguida por los “grises” pero, claro, es más bonito verlo por la tele o retuitear sobre la guerrilla urbana desde el móvil que cuando te están persiguiendo de verdad.

Muchas voces hablan de la actualidad como una segunda transición y, verdaderamente, algo de eso tiene. Lo que ocurre es que las nuevas formaciones están partidas en dos pensamientos: los que creen que la Transición no sirvió de nada y los que, por el contrario, creemos que la Transición nos ha traído todo lo bueno que tenemos, solamente que ha dejado de evolucionar.

A mí, sinceramente, me parece triste que haya formaciones que no hayan sabido valorar lo que trajo la Transición, que no es sólo la democracia, sino verdaderamente una unión del país para comenzar de nuevo. Sinceramente, no puedo entender que no se le dé valor a que personas que habían estado a tiros se sentaran a dialogar y trabajar en conjunto por el bien del país.

Ahora hay movimientos de ultra izquierda que dicen que los cambios de aquella época no eran suficientes para ellos, no entendiendo que de eso es precisamente lo que se trata, que ninguno de nosotros sintamos que la Constitución o las Leyes son tal como queremos nosotros, ya que de ese modo serían partidistas.

Eso no quita que les dé la razón en el sentido de que hay que actualizar la Constitución, pero simplemente eso, actualizarla; no cambiarla ni hacer una nueva, porque precisamente las constituciones se hacen para no cambiarlas, para que los partidos gobernantes no puedan hacer reformas y contrareformas, haciendo una constitución a su antojo, ya que entonces serían las de unos pocos y no la de todos.

Vuelvo al comienzo de este escrito, a la pregunta sobre si para los nacidos en democracia nos es fácil o no el dejar atrás lo ocurrido en una de las épocas más negras de la historia de España. Pues, en mi opinión, solamente en parte. Para los que hemos vivido una época en la que siempre se había ido a mejor, nos es muy difícil ver ahora este retroceso y, con la corrupción y paro que hay, es en realidad más fácil criticar el sistema democrático que valorarlo.

Y acepto los que lo critican y escucho a los que ésta democracia les ha parecido poco. Lo que no acabo de entender y me parece a veces hasta irrespetuoso es que gente que, años arriba años abajo tienen la misma edad que yo y estoy hablando de personas como Iglesias, Errejón, etc., quieran hablar en nombre de los que vivieron o murieron la Dictadura y la Transición. Porque ellos ya hablaron en su momento y los que sobrevivieron volvieron a España con un mensaje de unión y de buena fe a la nueva democracia que ahora otros quieren manchar. Y me refiero a gente como el President de la Generalitat, Josep Tarradellas, o el también exiliado presidente de la República, Claudio Sánchez-Albornoz.

Ellos ya hablaron en su momento y no otros deben hablar por ellos. Y aquí dejo unas palabras del nombrado presidente de la II República en el exilio a su llegada a Madrid:

Al pisar España dije que vendría llorando y llorando estoy. Sólo tengo una palabra: Paz. Nos hemos matado ya demasiado. Entendámosnos en un régimen de libertad, poniendo todo de nuestra parte, de un lado y otro de la barricada. Son mucho 40 años, no hay históricamente nada que resista al tiempo. Áspera vida de los españoles, pongamos de una vez por todas la mano en la mano del adversario de ayer, para discutir, para dialogar en unas cortes nuevas, la suerte de España.

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