La persistencia de la memoria (Carmena, la historia y la histeria)

“La persistencia de la memoria”, conocida también como “Los relojes blandos”, es un famoso cuadro del pintor Salvador Dalí realizado en 1931, mediante la técnica del óleo sobre lienzo, de estilo surrealista y con unas medidas de 24 x 33 cm.

“Los relojes, como la memoria, se han reblandecido por el paso del tiempo” dijo Dalí sobre su propia obra. Y así es, pues, como dijo Oscar Wilde, lo primero que un hombre debe saber sobre arte es que no imita la vida, sino que es la vida la que imita al arte. Por eso Dalí pintó sobre lo que iba a pasar más de ochenta años después.

Dalí es un catalán y  español universal, considerado un genio y un pintor único. Todos reconocemos sus cuadros nada más verlos y eso es signo evidente de que fue un nombre único. Han pasado ya más de veinticinco años de la muerte de este hombre de Figueres, sin embargo, su obra está tan presente que yo creo que hasta los niños saben qui´en fue Salvador Dalí. Seguro que, si hiciésemos una encuesta, casi todos sabrían que era un famoso pintor.

Pues bien, ahora resulta que no, que no era un artista, sino un fascista. Sí, un fascista por encima de pintor, es más, según Carmena y sus secuaces de Podemos, le pusieron su nombre a una plaza en Madrid por fascista y no por ser uno de los más grandes pintores de la historia.

La Ley de Memoria Histórica, aprobada por el Congreso de los Diputados el 31 de octubre de 2007 durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, establece que los “escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación personal o colectiva del levantamiento militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura deberán ser retiradas de los edificios y espacios públicos”.

Con esa ley, el gobierno de Manuela Carmena tiene una lista de calles y plazas franquistas que tiene que eliminar. Hasta ahí todo correcto, pero el problema llega cuando se pretende saltar el espíritu de la ley y manchar la memoria de muchos ilustres de este país. Estoy totalmente de acuerdo en que no haya una Plaza del Caudillo o que no haya la calle del Alzamiento Nacional o de la Batalla de Belchite, por poner tres ejemplos, pero es tétrico ponerlas al mismo nivel que las calles o plazas de Salvador Dalí, Gómez de la Serna o Santiago Bernabeu, que recibieron el honor de tener una calle, por artista, escritor y directivo futbolístico, respectivamente, y no por sus ideas políticas. No es lo mismo ser un político del movimiento o un general militar, que ser artista o un doctor.

El gobierno de Madrid debería ser menos vengativo, abandonar el guerracivilismo y centrarse en el presente y, si hay alguna calle que ensalce al franquismo, con la ley en la mano, que la cambien, pero que no se la cojan con papel de fumar ni manchen el nombre de quienes ostentan el honor de tener una calle en nuestra capital por esos méritos propios que nada tienen que ver con la política.

Carmena y los suyos deberían respetar a las personas que quieren manchar y avergonzar, ya después de muertos, y respetar también a sus familiares. Porque hay personas que no tienen sus nombres por fascistas, de hecho, hay muchas que ni siquiera eran franquistas, incluso algunos que murieron antes de la Guerra. Así que no confundamos la historia y la histeria.

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