Ni Socialista, Ni Obrero, Ni Español

La relación del PSC con sus simpatizantes en Catalunya es como la del infiel que siempre le promete a su pareja que nunca más volverá a engañarle y, en cuanto le dan un voto de confianza, vuelve a las andadas.

Cuando la democracia se instaura en España tras la muerte del Dictador Francisco Franco, el socialismo catalán se hallaba escindido en varios partidos. Por un lado, había varios grupos de carácter nacionalista, como el Partit Socialista de Catalunya-Congrés (antigua Convergència Socialista de Catalunya) y el Partit Socialista de Catalunya-Reagrupament (ex Reagrupament Socialista i Democràtic de Catalunya, que se había presentado a las elecciones en coalición con otros partidos de Catalunya). Por otro, el PSOE contaba en Catalunya con una Federación Catalana que basaba su fuerza, sobre todo, en los trabajadores metropolitanos, la mayoría de origen de fuera de Catalunya.

En 1978 las distintas fuerzas socialistas llegaron a un acuerdo que cristalizó en el Congreso de la Unidad Socialista. En este Congreso, se fundó el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC-PSOE), resultado de la fusión entre los grupos catalanistas PSC-C, PSC-R y la Federación Catalana del PSOE. El nuevo partido contenía a todo el espectro socialista catalán y tenía una relación federal con el PSOE, a pesar de que formalmente era un partido diferente y autónomo al fundado por Pablo Iglesias en 1879.

¿Qué significó eso en Catalunya? Lo explicaré del modo más sencillo posible. El socialismo catalán lo formaba parte de las élites burguesas catalanas. Nunca fue un partido obrero, ya que no ocurría como en la fundación del PSOE en el siglo XIX, donde un grupo de tipógrafos fueron los encargados de poner en marcha el partido. No critico eso. Es normal que las personas más preparadas estén en la vida pública, pero quizá esa sea una de las razones por las que en Catalunya se eliminó la O de obrero.

Al unirse las fuerzas socialistas que hemos comentado antes, ocurrió algo que ha marcado la política en Catalunya hasta el día de hoy. Una parte de las élites catalanas nacionalistas dirigía el Partido, pero los votantes eran mayoritariamente verdaderos obreros del área metropolitana y de origen del resto de España. Desde entonces, ha habido ese tira y afloja. Los dirigentes han escondido (en unos momentos más que otros) su nacionalismo catalán para que los andaluces, extremeños, castellanos etc. que les votaban, no dejaran de hacerlo.

En diciembre de 2003, el PSC de Pasqual Maragall firmó el llamado Pacto del Tinell, en el que se acordó que el Partit dels Socialistes presidiría la Generalitat con el apoyo de Esquerra Republicana de Catalunya y la formación ecosocialista Iniciativa per Catalunya Verds. El tripartito puso las cartas sobre la mesa. El Socialismo debe poner a las personas por encima de las nacionalidades, teóricamente no se puede ser socialista y nacionalista a la vez, pero el PSC lo es y, por fin, se desenmascaró.

Como hemos escrito en otras entradas, de ese definitivo paso del PSC al Socialismo-Nacional (lo pondremos en ese orden) es por lo que surgió en Catalunya el partido Ciudadanos, ya que los que no eran nacionalistas no tenían representación en el Parlament catalán.

Desde que el PSC se quitó la careta, ha bajado de un 31,4% de los votos (2003) a un 27,3 (2006) 18,3 (2010) y 14,4 (2012). En este 2015, las encuestas le dan alrededor de un 7% de los votos, es decir, el hundimiento del PSC es inevitable.

Cuando comenzaron los delirios de Artur Mas, el PSC estuvo titubeante, más cerca de Convergèrgencia que de sus votantes, se alineó con el llamado derecho a decidir, derecho que no se recoge ni en la Constitución ni en L’Estatut. Quizá las élites del PSC preferían una Catalunya independiente, aunque ellos no pintaran nada, que una Catalunya española que pudieran dirigir. Ese pensamiento es lícito, pero engaña a sus votantes. Mejor dicho, les engañaba.

Ayer el señor Iceta, líder de los socialistas catalanes, dijo que el tema de la consulta soberanista no entra en su programa, que el pseudoreferéndum del 9N ya demostró que los catalanes no quieren la independencia. Me temo, señor Iceta, que eso ya no le va a servir de nada, que los ciudadanos de Catalunya no van a perdonar la última infidelidad del PSC, que no fue sólo coquetear con CiU y ERC. Usted, señor Miquel Iceta, quiso contribuir a romper el país que tanto aman sus votantes.

El PSC no es nada en Catalunya y, probablemente, no lo será en muchos años. Sus votantes eran personas que creían votar al Partido Socialista Obrero Español. Obrero nunca fue, socialista prácticamente tampoco y, ahora que ya ni siquiera es español, sólo le queda la P de populismo.

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