Las otras banderas del PSOE

Hace unos días escribí en este mismo blog un artículo al que titulé Pedro El Banderas. En él criticaba a Pedro Sánchez cuando, en su primer acto como candidato a la presidencia del Gobierno, estaba flanqueado por una gran bandera de España, mientras su partido pactaba en Catalunya, Euskadi, Galicia y Valencia con el nacionalismo radical.

Precisamente en la Comunitat Valenciana, el socialista Ximo Puig hizo su primer discurso como President de la Generalitat, tras ser investido gracias al apoyo de los nacionalistas pancatalanistas de Compromís y a Podemos.

No me gusta jugar a cómo podrían haber quedado las elecciones si cada voto valiese igual, si el sistema D´Hont no fuese el que marca los designios de este país. Pero el caso de la Generalitat Valenciana es para destacar ya que la suma de PSOE-Compromís-Podemos en realidad no supera el 50% de los votos de los valencianos, aunque sí tienen 55 de los 99 parlamentarios (a pesar de que cinco miembros de Podemos hayan hecho el paripé de votar en blanco, supuestamente demostrando así que el PSOE no tiene un cheque en blanco).

El PSOE gobernará con sus socios de Compromís, los mismos que en algunas ciudades valencianas celebraron sus buenos resultados con esteladas independentistas y gritos a favor de la unión de los llamados Países Catalanes. ¿Por qué gobierna el PSOE con quien quieren romper el país? ¿Es simplemente por ansias de poder o para los socialistas está el bando izquierda-derecha por encima del Estado? ¿Por qué Pedro Sánchez salió con una bandera española gigante? El líder del PSOE, si quiere ser presidente del Gobierno, el presidente del cambio que une como él anunció, deberá dejar el postureo y señalar a sus compañeros de partido que no se puede unir el país pactando con los nacionalistas, la balcanización de España.

Sea como sea, el Partido Socialista se está convirtiendo en un títere a manos de nacionalistas y de Podemos. Sacar de la Generalitat al PP, de las tramas de corrupción, era vital para el PSOE que probablemente no esperaba los excelentes resultados de los nacionalistas. Creería que podría llegar a un pacto con Ciudadanos o Podemos. Sin embargo, el nuevo panorama le ponía entre la espada y la pared. Había dos opciones: o pactar con PP o con Compromís. Quizá lo ético hubiera sido ni lo uno ni lo otro, aunque eso pudiera significar ir a unas nuevas elecciones.

Ciudadanos, en tierras levantinas, ha visto los toros desde la barrera. Por diputados no tenía la probabilidad de pactar la investidura ni de PP ni de PSOE. Solamente existía una remota posibilidad de un pacto PSOE-C’s-Podemos, pero los socialistas prefirieron a los nacionalistas antes que intentar un posible pacto con Ciudadanos. De modo que el partido naranja ha quedado en una situación parecida a la de Catalunya. Como único valedor del voto por un cambio constitucionalista, como único representante de un cambio no-nacionalista.

A Valencia le espera ahora lo mismo que nos ha pasado a los catalanes durante muchos años. Enfrentamiento social y una campaña de los nacionalistas que constará en modificar el pasado, cambiar la historia para enfrentar a la comunidad contra España. Así mismo, entrará una batalla contra la lengua castellana llevándola a considerarse extranjera.

Como bien dijo Carolina Punset, con la inmersión lingüística volvemos a la aldea. Una comunidad tan abierta como la valenciana, donde sus costumbres son totalmente españolas e internacionales, se puede ver abocada ahora a encerrarse en lo valenciano.

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