De plataforma ciudadana a partido político

 

Ciudadanos (para no iniciados) II

De movimiento ciudadano a partido político.

Lo que en Cataluña no cuajó durante los 23 años de gobiernos nacionalistas presididos por Jordi Pujol si lo hizo en los primeros 18 meses del Gobierno formado por tres partidos de izquierdas y presidido por el socialista Pasqual Maragall, la creación en Catalunya de un partido cuya fundamentación sea combatir el nacionalismo catalán.

El manifiesto fue presentado en un restaurante de la Plaza Real en una de las conferencias de prensa que reunió a más periodistas en los últimos años en Barcelona.

Uno de los promotores, el periodista Arcadi Espada, definió así el sentimiento que anima a los que han lanzado la iniciativa:

“Yo no voté al partido socialista en las elecciones catalanas (2003) para que hiciera en el Gobierno más nacionalismo del que hacía estando en la oposición (…) Nosotros no somos nacionalistas. Somos españoles del Estado español, el único que existe (…) Esquerra Republicana es la extrema derecha catalana y el PP, perdió su credibilidad como oposición al nacionalismo catalán cuando defenestró a Alejo Vidal-Quadras para lograr el apoyo de CiU al Gobierno de José María Aznar”. También le invalida, agregó, “el hecho de que se disponga a aceptar que el Estatuto de Autonomía defina a Catalunya como nación”.

Félix Ovejero explicó que el objetivo es “recuperar la idea de ciudadanía catalana frente a la idea de Catalunya; una idea de ciudadanía no excluyente. Lo que mueve a muchos de los firmantes de la propuesta”.

Según explicó otro de los impulsores del proyecto, el catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras, era la decepción por la deriva tomada por el PSC, en el que habían puesto su confianza. “Nuestro escepticismo acerca de que el PSC pueda cambiar esta situación es total. (…) Nuestras coordenadas políticas e ideológicas de los promotores se sitúan en ámbitos parecidos a los de movimientos surgidos en el Euskadi como ¡Basta Ya! y Foro Ermua, nacidos al calor de la lucha contra ETA”.

Félix de Azúa definió la iniciativa como una reacción al monopolio de la representación política por los nacionalistas. “En pocos lugares como en Catalunya puede crear problemas la mera expresión de las ideas políticas si no coinciden con las de los nacionalistas. Tanto es así, que muchas personas me han expresado su apoyo al manifiesto, pero no lo han querido firmar por miedo a que se les hiciera el vacío”.

No tardaron en llegar las opiniones de los partidos políticos. A Convergència i Unió, la nueva plataforma le caía simpática al fin y al cabo, si se convertía en partido le quitaría votos al PSC, es decir su máximo competidor por la Generalitat. El portavoz de CiU, Felipe Puig dijo que la nueva formación nacía porque el PSC Y el PP “no hacían bien su trabajo”.

El portavoz del Partido Popular, Francesc Vendrell, sin embargo, opinaba que quien de verdad tenía un problema no era su partido, sino el PSC.
La diputada socialista Lidia Santos afirmó que el PSC “no es nacionalista, sino catalanista”, y que “el llamamiento de estos intelectuales respondía a una visión de Cataluña que no es real ni cierta”.

Esa fue la visión de los principales partidos políticos, pero ¿Cual fue la reacción de la prensa?

Parecida a la de los partidos. Los medios pro Pujol, sonreían ante los problemas del PSC y de como personas que antes había votado a los socialistas ahora organizaba un nuevo partido.

Los medios nacionales se dividían. Los de derecha ignoraban bastante a Ciutadans de Catalunya, pero sonreían ante la debacle del PSC y también ante el nacimiento de un grupo que criticaba el nacionalismo catalán.

Por otra parte estaba la prensa de izquierdas, la cual trataba de ridiculizar el movimiento.

Como Jordi Sánchez que el 13 de Junio de 2005 en el prestigioso diario El País, llamó “provincianos” a los miembros del movimiento. Y habló de lo peligroso que era que entre los firmantes del movimiento hubiera algunos que desempeñan una labor docente.

Lo cierto era que por aquel entonces todo el que hablaba del peligro independentista, del adoctrinamiento anti español en los colegios o de la balcanización de España, era tachado de loco, ahora los hechos hacen que sepamos que todo aquello era cierto.

La formación del partido político fue despacio, paso a paso y eso hizo que tardara unos meses en constituirse. Entre tanto los medios de derecha y los catalanes se olvidaban del manifiesto. Los cercanos al socialismo seguían tratando de ridiculizar a Ciutadans de Catalunya. Criticando que aquellos intelectuales no se metieran en política, sino que llamaran a otros a hacerlo, no queriendo ninguno de ellos saltar al ruedo.

Mientras los periodistas no se atrevían a mojarse, los diarios cercanos al socialismo emitían carta tras carta de lectores con un mismo sentido. Acusar al movimiento de anticatalan y repetir una y otra vez que “a nadie se le pegaba por la calle por hablar en castellano” o “que la policía no te detiene si no hablas en catalán” También de un modo muy, muy sutil, se trataba de colocar a las personas que apoyaban el manifiesto como cercanos al nacionalismo español o al fascismo, por más que desde el primer momento la formación se situó en el centro-izquierda, esas acusaciones siguen a día de hoy.

Mientras se desviaba la atención, las nuevas reglas para la educación y el nuevo Estatut, ponían al castellano a la altura de una lengua extranjera.

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Sin embargo el primer ataque grave, vino del diario Avuí. (Para los que no lo conozca, diario independentista catalán que debido a su escasa aceptación del público, estuvo amenazado en varias ocasiones por su falta de viabilidad económica. Pero las administraciones públicas, y singularmente la Generalitat invirtieron cuantiosos recursos a lo largo de los años para sostener el diario).

Un artículo firmado por Oriol Malló el 30 de junio de 2005, exponía los deseos del autor de “exterminar” a los intelectuales que promovían la plataforma antinacionalista catalana Ciutadans de Catalunya. Malló tildó de “fascistas” y comparó en su artículo a los intelectuales firmantes del manifiesto con los “intelectuales románticos de la Falange”. A continuación añadió:

“Boicoteémosles, marquémoles, hagámosles la vida imposible para que sufran en carne propia aquello que ellos nos dieron cuando realmente mandaban (…) Démosles la intolerancia que ellos repartieron cuando tuvieron ocasión de hacerlo, porque claro, cuando había tanques en la calle, el amigo Companys no participaba en tertulias sobre nacionalismo con el Caudillo, sino todo lo contrario” (…) Quieren que los catalanes, “si es que queda alguno, se suiciden en grupo o abracen la fe española”. Lamentó que los impulsores del grupo no vivieran durante la Segunda República, cuando la defensa de estos argumentos “les habría expuesto a que gente como yo, o mejor que yo, os disparáramos el tiro de gracia antes que vosotros, sin cojones para disparar, delegarais en la chusma las órdenes de asesinarnos (…) decidlo claro (…) nos queréis exterminar. Pues nosotros también os queremos exterminar”.

Oriol Malló, ex militante del Moviment de Defensa de la Terra (MDT), fue detenido durante la operación del juez Baltasar Garzón contra Terra Lliure en el verano de 1992. Es decir los que habían pertenecido a una banda terrorista o habían colaborado con ellos, tenían en el punto de mira y amenazaban de muerte a los miembros de Ciutadans de Catalunya desde un medio de comunicación en cuyo Consejo de Administración está representada la Generalitat.

Una semana después el president, Pasqual Maragall, se comprometió a trasladar el “malestar” de Ciutadans de Catalunya y el suyo propio al Consejo de Administración del diario Avuí.

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Algún miedo tenía que tener el President Maragall por los votos de los catalanes de origen de alguna otra comunidad española, que pronto hizo un guiño en lo que podíamos denominar una reafirmación de que el partido que representaba a los venidos de otro punto de España era el PSC.

Así que a consecuencia de unos problemas con las entidades andaluzas que organizaban la feria de Abril de Barcelona. Recibió a una asociación llamada Els altres andalusos (Los otros andaluces) que eran contrarios a la Federación de Entidades Culturales Andaluzas de Cataluña (FECAC)

Els altres andalusos criticaban a estos de no ser una entidad cohesionadora de la sociedad catalana, sino que creaba guetos y segregaba a los catalanes en función de sus orígenes. Afirmando que es catalán quien paga sus impuestos en Catalunya, independientemente de su lugar de nacimiento, raza, ADN o religión.
La reunión fue muy fructífera. La asociación se llevó una compensación y a cambio estos hablaron a favor del PSC, del Estatut, de una España federal y lo más interesante, en contra de Ciutadans de Catalunya: Criticaron duramente el manifiesto:

“Es un auténtico error para personas que se llaman intelectuales afirmar que el castellano está discriminado en Catalunya”.

De ese modo los “andaluces adaptados” daban su apoyo al PSC y la espalda al nuevo partido, que de este modo no iba a representar a los castellanoparlantes, ni a los que vinieron de otro lugar de España, ni a sus hijos, “porque para eso ya esta el PSC que además ayudaba a integrarse, no como los de la plataforma que no lo están”. (Por más que la mayoría de firmantes del manifiesto eran catalanes de nacimiento y muchos de ellos hijos y nietos de catalanes también).

Verdaderamente ni la plataforma de Ciutadans de Catalunya, ni posteriormente el partido Ciudadanos, es el partido de los catalanes de origen español, ya que precisamente de lo que se trata es no diferenciar una cosa de la otra, porque ser catalán y ser español, es histórica, social y culturalmente lo mismo. Sin embargo el echo que ocurrió entre Els altres andalusos y el gobern del PSC, si que determinó uno de los grandes “enemigos” del futuro partido y es lo que yo denomino El trauma del charnego agradecido y El trauma del charnego de ciudad (que conste de aquí en adelante y para que no haya equívocos, me siento legitimado a utilizar el despectivo y mal llamado termino charnego, porque a mí me lo han llamado alguna vez también).

El charnego agradecido es el que cuando va a Andalucía al pueblo de sus padres ve lo que considera un gran retraso en dicho lugar y piensa en la suerte que tuvo de no nacer ahí, gracias a que sus padres se fueron a un lugar mejor. No entendiendo que precisamente sus padres colaboraron con su trabajo al crecimiento de Catalunya.

El otro trauma, el de la ciudad, viene de gente que sabiendo lo anteriormente dicho, se avergüenza de los orígenes humildes de sus familias y reniegan de ellos, creyendo que la mejor forma de lograr eso, es abrazarse a todo lo catalán y renunciando a todo lo que provenga del resto de España.

Quizá alguno de estos males afectaban a la asociación Els altres andalusos. Ellos no eran inadaptados como los de Ciudadanos de Catalunya, ellos estaban adaptados a Catalunya y tan bien lo estaban que el presidente de la asociación Lluis Cabrera a día de hoy esta ligado a Esquerra republicana, se declara independentista. Dice que sus antepasados son extranjeros y que sus primos andaluces le roban.

En Catalunya, como en todas partes, el nacionalismo nunca ha dejado de mostrar de una manera u otra su tendencia irreprimible a la exclusión. Políticamente negando la legitimidad a PSC y PP antes, y ahora ocurre lo mismo con Ciudadanos, teniendo más gravedad lo del partido naranja ya que es un partido fundado en Catalunya y por catalanes.

En su momento llegó a escribirse las dudas de la legitimidad que tenía Maragall para ser presidente, por ser de un partido supuestamente dirigido desde España, por no hablar de las que después hubo con Montilla, que era Cordobés de nacimiento por más que después fuese el President que hizo más política radicalmente catalanista (cosa de los traumas del charnego agradecido y del charnego de ciudad, seguramente).

Políticamente se habla de dos tipos de votantes diferentes, el de fuera del cinturón urbano, donde están los “catalanes, catalanes” (como si se pudiera ser más catalán o menos) y luego los de Barcelona y alrededores, donde (junto a la costa de Tarragona) también se vota a los partidos “catalanes, españoles” (como si hubiera catalanes, que no lo sean)

Sin embargo toda esta tendencia a la exclusión durante años se ha hecho ver en Catalunya que no existía. Y obviamente cierto es (salvo caso aislado) que no te pegan por hablar en castellano y también es cierto que los catalanoparlantes normalmente te hablan en castellano si ven que no conoces la lengua. Pero eso no quita que hay una reticencia a asumirla como propia por parte de la Administración, así como una protección oficial del catalán.

Lo que no había en Catalunya era una representación política para los Liberales y social demócratas no nacionalistas y eso estaba a punto de cambiar.

Imagino que por eso de no ser un movimiento catalán, catalán (ironía) los primeros reconocimientos a la plataforma llegaron desde fuera de la comunidad autónoma. Fue el IX Premio Gregorio Ordóñez, que otorga anualmente la fundación que lleva el nombre del que fue concejal donostiarra y presidente del PP de Guipúzcoa, asesinado por ETA en 1995.

El galardón, concedido para distinguir la “manifiesta labor contra el totalitarismo nacionalista” y la defensa del Estado de Derecho que realizaba la plataforma. Una escultura de Aitor Mendizábal que representa la supervivencia del tronco de un árbol aunque se desgajen partes de él fue el galardón que entregó Ana Iríbar a la representación de Ciutadans de Catalunya.

Al recogerlo, Espada expresó su “agradecimiento sentimental, pero también político” por el premio concedido, que considera un “estímulo esperanzador”, y anunció que en Catalunya se crearía un nuevo partido político para representar “A los ciudadanos que no tienen ni representación parlamentaria ni moral”.

Así mismo la plataforma se presento también en Madrid con gran éxito. Con Albert Boadella como interlocutor, el cual se encontró con un público entusiasta y un gran apoyo.

Boadella descartó la posibilidad de encabezar alguna candidatura. Y avisó que la situación era muy alarmante y se degradaba cada día. Indicó que había una evidente deriva hacia el nacionalismo independentista y que Catalunya se había vuelto inhóspito para los que no estaban en la exaltación del nacionalismo, añadiendo que Catalunya caminaba de forma irreversible hacia la secesión ya que Jordi Pujol creó el caldo de cultivo para que esto pudiera suceder, pero que había sido el PSC de Pasqual Maragall quien lo ha consolidado.

Aseguró que en la izquierda había mucha gente que se sentía estafada por el PSC. Este partido vio cómo Pujol lo invadía todo, hasta el último recodo de la sociedad, y les entró complejo, creyeron que tenían que bailar la sardana mejor que Pujol para ganar. Dijo con ironía.

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La notoriedad que poco a poco iba teniendo la plataforma hizo que todo eso que no había ocurrido antes en Catalunya, comenzase a ocurrir. Los miembros de Ciutadans de Catalunya eran atacados primero en Girona y después en Sant Cugat del Vallés (ya sí te pegaban por hablar en castellano, aunque lo hablases solamente a ratos).

Eso no hizo dar un paso atrás a la idea de formar un partido político, todo lo contrario y desde el principio del año 2006, todo aquello estaba cercano Y los miembros de la plataforma dejaban claro para todo el que se quisiera unir cual era la ideología del movimiento:

Se definían como miembros de la doctrina ultraliberal y socialdemócrata, defensores de la Constitución española, rechazaban considerarse antinacionalistas y busca afrontar los problemas que provoca el nacionalismo o el falso problema identitario.

Mientras mas claro mostraba Ciutadans de Catalunya su ideología liberal-socialdemocrata y su posicionamiento en el centro izquierda. Más era atacado por la prensa cercana al socialismo que lo definía como partido de derechas.
Se decía que el nuevo partido buscaba el voto que pertenecía al Partido Popular (con lo cual los miembros de Ciutadans no sólo mentían, que además debían tener pocas expectativas ya que el PP, nunca ha tenido mucha fuerza en Catalunya).

Se acercaba el referéndum del nuevo Estatut y los actos de Ciutadans eran cada vez más asiduos, también las agresiones que recibían los miembros de la plataforma. El delito era pedir el No en el referéndum. ¿Qué delito es pedir una de las dos opciones posibles de voto?

Los políticos de todos los partidos catalanes, condenaban estos actos, pero sin embargo los miembros de Ciutadans denunciaban la actitud pasiva de los miembros de la policía autonómica catalana. Las agresiones bajaron a la vez que los asistentes a las conferencias crecían.

En ese mes de junio de 2006 comenzó a aparecer un nombre nuevo junto a los de Boadella, Espada, Rieder o Pericay. Se trataba de un desconocido y joven jurista llamado Albert Rivera.

El día 18 se celebró el referéndum el cual se aprobó por amplia mayoría, pero menos de la mitad de los catalanes fueron a votar. Políticamente era una victoria legítima, pero la realidad era que solamente uno de cada tres ciudadanos había votado a favor del nuevo Estatut.

Esa situación de secuestro del Parlament en la cual no se representaba los pensamientos del pueblo daba alas al nuevo partido.

El 9 de julio de 2006, el nuevo partido político ya tenía nombre, se llamaría Ciudadanos partido de la ciudadanía, aunque en Catalunya se denominaría en catalán. El tema del nombre fue así desde el principio, por más que últimamente se haya especulado sobre si se debía decir en castellano o en catalán.
Además del nombre, los congresistas decidieron también otra cuestión muy importante: el ámbito territorial de la nueva fuerza política. Se decidió que su ámbito sería toda España, pero con actuación circunscrita a Cataluña por razón de su origen.

Esta fórmula fue adoptada para dar acogida a los numerosos círculos de simpatizantes que el nuevo partido tenía en diversos puntos de España, ya que había agrupaciones en Andalucía, Madrid, Aragón y Castilla y León.
La estructura organizativa de la nueva formación constaba de federaciones provinciales, más una federación en la ciudad de Barcelona y otra para los afiliados en el resto de España.

Solamente uno de las firmantes del manifiesto para la creación del partido estuvo en la dirección: Teresa Giménez Barbat (Que más tarde marcharía a UPyD).

Los demás se quedaron fuera, por propia voluntad, como habían anunciado.
Se eligió como secretario general a Antonio Robles, un acreditado activista en las diversas plataformas que se habían opuesto a la política lingüística de los sucesivos Gobiernos de la Generalitat desde 1980. Robles fue el principal impulsor de otro partido, denominado Iniciativa No Nacionalista (INN), que pasó a integrarse en Ciudadanos.

Como presidente se eligió a un joven de 26 años al que los periódicos presentaron así:

Albert Rivera es un licenciado en derecho que no había militado antes en ninguna organización política y que, según explicó a los periodistas tras ser elegido, se sentía desengañado de los partidos tradicionales tras haber votado a CiU, PSC y PP en distintas elecciones.

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Un comentario sobre “De plataforma ciudadana a partido político”

  1. Ha dado en el clavo con el complejo de charnegos , muy raro que se hable tanto de catalanismo soberanista si se votase en clave nacional, si los padres hablasen m- as con hijos y nietos que la aportación de los que llegaron ha sido primordial en su desarrollo económico

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